Bueno. Pues.
Los e-desconocidos que hayan visitado y tomado su tiempo para leer, saludar, zaherir o para hacer lo más típico de entre lo típico, que es definir la sexualidad del otro e-fulano que escribe en un blog más como es éste…, pues ni modo, a buena hora. Tampoco es como si hubieran pasado por aquí así por así. Si un bloguero de estreno (o uno como yo, en onda de “borrón y cuenta nueva”) desea algo de atención (porque en parte es de eso de lo que trata esto del blogueo), entonces algo de promoción tiene que hacer; y por supuesto que no tuve la paciencia para pertenecer a rarezas bloguísticas más extremas que la de hacer un primer post de lo más rebuscadamente original como para esperar a que mis víctimas caigan de la nada. Demandé y exigí la venida de otros haciendo lo medianamente posible por darme la importancia requerida y por atraer vida inteligente (cada vez más escasa en un medio tan masificado). Hasta llegue a dedicarle un poema a un man con el que nunca antes me había topado pero que tenía corte de elegido (no que estuvo mal hacer eso, tampoco es que sea la primera vez que le tiro poemas a extraños por Internet).
Y bueno, aunque no estoy haciendo esto precisamente para que otros me lean y me soben el ego, aunque así lo quieran creer, sino más para algunas otras cosas, diría que mi experimento de blogueo tuvo un chance de éxito. O sea, aparte de los curiosos de turno ya tuve a un primer trole de esos que te gritan que te gusta la verga; qué más se puede pedir… Bueno, tal vez (y esto va como curiosidad para que no se les ocurra subestimar a los internautas en primeras leídas) el que el del comentario inaugurador sea un tipazo con un CI de 148, un mensista con seudónimo infantil y obviamente con vocación de servicio. Es en serio, lo es.


