Hace como un par de meses más o menos comí es un restaurante llamado Sandry’s tres pechugas de pollo frito que venían en un combo. Fue de asco. Me encanta el pollo frito apanado, pero aquella vez no me gustó. Esas presas la plena que estaban grasientas, duras y desagradables. Ni las salsas pudieron componerlas. Además, creo que esa vez comí de pura gula. Qué verga. Y mientras tanto los negritos flacuchentos y de panza hinchada de Somalia se asaban bajo el sol y presumiblemente se morían de hambre. Boo hoo hoo.

 

Suena banal y estúpido, lo sé, y en caso de que lo que diga se preste a un merecido "¿Y eso a mí qué chugchas?!", me sentiré bien por haber inspirado a un lector casual a reordenar las prioridades de su vida. Es una ganancia.

Eni -mo’ fuckin’- güey… 

Básicamente la idea es bajar de mi podio una vez al mes para echarle un ojo a la burrósfera y anotar observaciones, luego plasmarlas en un post. Escogeré la última entrada de algún blog equis y escribiré un comentario o crítica sobre ella. No por la gana de hinchar bolas ni de chupar pollas, porsiaca. Sino por ninguna razón en especial. 

Comenté inútilmente sobre el contenido de un blog el 14 de este mes. Hoy también lo hice. Hoy es 20. 20 menos 14 es igual a 6. La mitad de 6 es 3. 14 más 3 es igual a 17. 20 menos 3 también es igual a 17. Ergo, esta coincidencia inesperada profetiza que volveré a hacer lo mismo el 17 del próximo mes.

Y en caso de que a ti qué chugchas, esta es la primera de cinco de las veces que voy a escribir dos entradas el mismo día. Son las reglas.