Abril 29, 2009 | 3:50 pm
guadever, mI blogo ▌por quark schiz

Quiubo, gente de la blogósfera. ¡Soy yo, su misterioso amigo qu ese! Como este club de ridículos egos parasitantes del ciberespacio no podría estar completo sin mí, acabo de crear mi propio blog. ¡Bienvenido sea usted!

Ah, para quienes aún no saben qué es un blog, pues permítanme: esto es un blog. Heh.

Enigüey, comprenda usted que la presente es mi primera entrada, así que ruego que me disculpe por el amateurismo y la intentona de gracia. La verdad es que soy una persona normalita, como el que más y el que menos..., pero no tanto, no: pues yo debo ser especial, por algo debo ser especial. Aunque si bien me falta mucho para ser el varayo de todo lo que es bueno, una cosa sí es cierta: que si a usted no se le ha ocurrido todavía que el mundo sería un sitio menos desagradable si más gente pensara como yo..., qué digo, si usted pensara como yo, entonces no se pierda mi blog... Y prepárese para ser alumbrado.

 

Mood: Mischievous emoticon

Listening: Grim Fandango: Original Game Soundtrack (by Peter McConell)

Reading: Biotechnology: A New Industrial Revolution (by Steve Prentis)

Watching: "Lost" (Some Like It Hoth)

Playing: Hellfire

Eating: Home made pizza

 

Abril 20, 2009 | 12:56 am
heces de neutrino, aceite de serpiente, banana ripáblic, Gente & blogs ▌por quark schiz

¡A la púchica, hay que joderse! Hasta se me había pasado por la cabeza que lo menos que podría hacer con respecto a la sarta de huevadas peligrosamente estúpidas que promueve esta fulana en sus columnas -por las que por cierto ella debería responsablemente aceptar una considerable carga de vitriolo-, es acaso mandarle vía correo electrónico una sincera reprimenda verbal. Eso... o perpetuar en su creciente biografía virtual las entradas de mi blog que mencionen su nombre (según Goolge mi blog alcanzaría ya un primer puesto).

Me da pereza, entiendo que es aburrido, pero es que...

 

El sobreanálisis no es inocente

 

Empeñosísima, la jefa de personal obtuvo de las autoridades luz verde para implantar el uniforme al personal femenino de una institución pública.

Y va de cuento: Érase una vez... una jefa de personal de una institución pública cuya empeñosa malevolencia y adversa servidumbre hacia el Falo del Pecado fueron recontra asumidas en la mente de una socióloga de medio pelo llamada Erika Sylva Charvet...     

Solo dos de las trece mujeres que allí trabajaban se opusieron apelando a la pérdida de su identidad [...]

Es que debe ser muy arduo para muchas huevonas superficiales eso de anteponer el modo de vestir a una flaca personalidad a la hora de caracterizarse como persona.

[...] pero nadie les hizo caso. La mayoría no solo que apoyó la iniciativa, sino que incluso la había solicitado tiempo atrás.

Me parecería encantador que los consabidos apologistas de la voluntad de las masas escribieran alguna vecita un ensayo con un título que vaya más o menos así: "De cómo me di cuenta que nadie te va a hacer caso cuando no eres nadie ante la puñetera mayoría".   

Ninguna, sin embargo, sospechaba que tras estos aparentes “beneficios” se ocultaba, en realidad, un concepto de mujer y se materializaba una política sobre sus cuerpos.

Carol Murillo, otra columnista novelera de El Telégrafo (aunque evidentemente no tan abrutada), en respuesta a este mamarracho (respuesta que consta aquí), hace un punto mucho más sensato cuando habla del gusto pequeño burgués, de aquel que reniega de la uniformidad en los cuerpos de trabajo pero que cae presa de la moda. Murillo da fe en que bregar con el "qué dirán" de las mujeres a la moda constituye una calamidad mucho peor que el uniforme del trabajo.

Ahora, agárrate, que viene lo mejor...

Cubrir el cuerpo femenino ha sido una obsesión de la cultura patriarcal judeo-cristiana-occidental por su simbolización del pecado y la tentación. En la tradición bíblica, la desnudez del cuerpo de Eva encarnaba la maldad erótica y la lascivia inherente a las mujeres, perdición de la humanidad. El mensaje milenario ha sido que detrás de toda mujer se esconde una Eva, imponiéndose la necesidad de esconder su cuerpo y controlar su peligrosidad. Pese a su antigüedad, este mensaje continúa permeando los discursos y prácticas en todos los espacios sociales. Un sutil modo de reafirmarlo en el espacio público contemporáneo es por medio del uni-forme que encapsula los cuerpos de las burócratas en una misma forma, los homogeniza y monotoniza, como neutralizando su imaginado poder de seducción. Pero, no solo los oculta. Fundamentalmente, los desfeminiza y masculiniza, enfundándolos en traje de varón –pantalón, leva y chaleco- a través del cual, además, se reafirma la masculinidad del espacio público.

(Requetesic, huevón.) No te confundas, que esta parrafada que de veras parece sátira en realidad no fue escrita con ganas de joder: Erika puede que sea chistosa, pero no por ser una bufona adredista con ese sentido del humor. No, lo de esta plumífera cagatintas de la Charvet es sin lugar a dudas el sobre-anal-isis, y viniendo de ella, con una nada dudosa carga de pretenciosa mojigatería, además de una demagogia más bien patética (patética por apelar a un alarmismo que raya en lo ruborizantemente conspiranoico). Y es que la mente de esta pobre, adoleciente de un efecto de arrastre esnob, en cambio ha caído presa de esa otra uniformidad: la de la vanguardia biempensante psico-progre-cultureta-posmodernoide, más específicamente la del discurso perteneciente al lobby feminista, el que en definitiva es un subproducto más de la corrección política que me parece de lo más despreciable, pero que sin embargo, y por razones que no me cuadran todavía, goza de una autoridad cultural casi sacrosanta y de un poder político espeluznante. 

Así, el uniforme proporciona a las mujeres las credenciales adecuadas para su desempeño en ese espacio al que han incrementado su acceso en las últimas décadas.  Su desfeminización no solo que libera a esta esfera  de la “maldad erótica femenina”, sino que las purifica a ellas mismas convirtiéndolas en portaestandartes: a través del uniforme ellas pasan a encarnar la “imagen institucional” en torno a la cual se desarrolla toda una normativa de control de sus comportamientos a través de reglamentos, multas y exigencias implícitas de “buena” conducta so pena de lesionar dicha imagen.

La maña de esta gentecita para armar fabulaciones me deja anonadado, para qué. Puntos por eso, tal vez. Pero se necesita ser estúpido o bien ignorantón para comerse cada cuento que arman estas huevonas susceptibles para hacernos creer que vivimos bajo una suerte de imperialismo fálico cuyo yugo se cuela hasta en la sopa. Agarrarse de ese absurdo victimismo chauvinista es una bajeza cobarde y demostrativa de una verdadera pobreza argumental.
 

Los hombres, en cambio, están lejos de tales constreñimientos, no solo por su gran libertad de movimiento socialmente aceptada, sino también con su mayor jerarquía [...]

Raro, porque yo nunca he escuchado de boca de los Poderes Que Son sentenciar a las mujeres a no  ponerse pantalones jeans, zapatillas, chaleco, leva y hasta corbata, so pena de desfeminizarse. Tales constreñimientos son más bien sugeridos por la defensora de mujeres Erika Sylva. Que conste además que no todos los uniformes para mujeres cubren su cuerpo completamente, pues algunos trajes consisten en faldas y camisetas con algo de escote. Pero en el caso de la vestimenta masculina, yo al menos nunca he visto a un hombre no travesti salirse con la suya llevando mini falda, tacones, medias largas y demás. Joder, ni siquiera he visto a empleados varones de instituciones públicas llevar playeras o permitirse exhibir sus velludas piernas en short. Es más, hay hombres que reprueban entrevistas de trabajo por no venir lo suficientemente enternados o aun por llevar argollas en las orejas. Y recuérdese que no hace mucho era bien mal visto en los hombres hasta llevar el pelo demasiado largo. Maldita sea, en uno de los colegios de porquería en el que yo estuve a los varones ni siquiera nos dejaban llevar peinados de estilo.

Por favor. Está claro que culturalmente es en los hombres en quienes pesan mayores restricciones en el vestir, no en las mujeres. Habla serio, estúpida golfa mitómana.

Inconscientes de estos estereotipos, las mismas mujeres actúan –como lo ilustra este caso- como las “custodias del poder patriarcal” y “su propia policía del pensamiento”, reproduciendo la norma de su dominación. En una época de cambios, esta experiencia muestra los límites de lo legal.   

¡Cuánta payasada y miseria! Niños, es por esta clase de carajadas que es sano desconfiar de las opiniones faranduleras de sociólogos o antropólogos culturetas, que idiotitas de esta calaña nos sobran pero muchisísimos. Y les aviso como yapa: en realidad son ellos quienes pretender ser los policías de la mente, los moldeadores de la sociedad...

Hay que ir más allá: erradicar de todos los espacios los imaginarios y prácticas que siguen reafirmando los mensajes patriarcales en torno a su estatus subordinado en la sociedad. 

¡Ja, ja, ja, ja, ja! Vaya con esta cojuda que sigue al dedillo el engranaje del discurso estandarizado del feminismo, el cual típicamente se caracteriza por ser divisorio, resentido, chauvinista, misándrico y ginocentrista..., aunque eso sí, ¡en nombre de la igualdad! 

Abril 11, 2009 | 11:59 pm
TuTubo, 3... ▌por quark schiz

1) Ecco the Dolphin (1993)

Musica: Spenser Nilsen 

Este juego de plataformas protagonizado por un delfín heroico posee una banda sonora original tan brutalmente espectacular... Qué. Hijueputa. Es Especial. Delfinesca. Épica...

El CD del juego se me perdió hace unos años, lamentablemente. Pero qué chucchas, que gracias a Zeus tenemos el TuTubo... Nuff' said.


 

2) Phantasmagoria (1995)

Música: Mark Seibert

Un juego que corre serios riesgos estéticos. El morbo, la procacidad, la violencia y la salsa roja no se escatiman. Pero parte de lo que hace a la ambientación de esta gran mediocridad de juego (porque como aventura gráfica es simplemente mala) tan cagadera de miedo es la sobrecogedora ominosidad de la música de fondo.    


 

3) The Beast Within: A Gabriel Knight Mystery (1996)

Música: Robert Holmes

Y esta aventura gráfica en FMV (Full Motion Video) no es yet another película interactiva. Ni siquiera se queda como un thriller de suspenso sobre hombres lobos y cazadores de demonios. Es mucho (¡pero mucho!) más que eso. Entre otras cosas, estamos hablando del videojuego en el que arman una ópera perdida de Wagner... O sea... Holmes es un maldito genio, period.



Abril 8, 2009 | 5:06 pm
banana ripáblic, Gente & blogs ▌por quark schiz

Enfrente de una ventana de mi departamento colocaron un cartel con la efigie de un simio muy feo llamado Mae Montaño. Entonces, como soy un votante indeciso (bueno, en mis apuntes de candidatos favoritos para los próximos comicios sólo consta la Macarena), me propuse echarle un ojo a las vallas publicitarias de estos aspirantes a conductores de pueblos.

En Quito los colores dominantes son el verde y el rosado. Los quiteños andan enamorados de los verdes, mas yo de ellos no quiero saber nada. Antonio Ricaurte es el protagonista rosa, el guagua alcalde, desde luego una de mis culposas opciones. Veo en la Eloy Alfaro, cerca del cementerio El Batán, a Diego Ordoñez, un democrisitano que me cae bien porque anda que defiende el anonimato (haciendo una distinción entre el recelo y la cobardía). Subo por la avenida La Prensa y me vuelvo a encontrar con ese grafiti viral que reza la hora 17:32 (mensaje subliminal para que los zonzos rayen por reflejo la casilla de las listas 17-32). Pero es yendo por la Shyris que me pego una sorpresa.

Pos resulta que esta Verónica Acosta, hecha la bandida, aprovechó su salto a la palestra para candidatizarse a la prefectura por Pichincha. Bien, admito que aunque esta vieja está muy alejada de ser el lapiz más afilado del escritorio, y si que bien el haberle gritado a Correa que se ponga a trabajar no le otorga la cualificación de estadista, algo de puntos he de concederle por hacerle a la movida. Así que sólo por darse de raposa oportunista, además de porque no sé a quién preferir para las prefecturas, he decidido que le voy a regalar mi inane voto. (Sí, con esa ligereza me voy a manejar..., a menos de que algún sabio pensante me recomiende a alguien mejor.) 

Enigüey, respecto a ese incidente, reitero que le veo el punto al coraje del mandamás. Porque a esta bestia de Correa se le puede achacar mil defectos, pero el ser vago no es uno de ellos. (Vago fue el funesto Jamil Mahuad, quien se escapaba cuando podía para brindarse gratis sesiones de aromaterapia, ¿recordaís?) Correa desde luego que es un fosforito estresado, pero el hijueputa lo es a pilas, que si acaso las huevadas que hace o dice no son propias de alguien que haya pasado por una facultad de economía (observación que suele hacer Oswaldo Hurtado), créanme que el tipo pone todo el empeño del mundo. Es más, me chismean mis fuentes siempre confiables que este Correa además de un workalcoholic es definitivamente un maldito control freak. Buena fuera que se relajara más, que durmiera más, digo yo.

Buenas tardes.

Abril 3, 2009 | 5:42 pm
aceite de serpiente, photos ▌por quark schiz
 
Me cuentan que yo de niño de pecho era una criatura de agua, calcio y materia orgánica extremadamente mona. Admitidamente también he sido feto, embrión, cigoto y, en los tiempos en los que solamente era la mitad de una persona, hasta espermatozoide cabezón.    
 
Pero vos, nene, no eres un feto.
 
Lo del aborto temprano es una discusión que atañe primordialmente a la propiedad privada como derecho, es decir,  si una hembra humana preñada tiene potestad sobre ese gelatinoso organismo pluricelular en etapa embrionaria creciendo dentro de ella; eso versus la arbitrariedad que determinaría en qué momento ese pedazo de tejido empieza a ser un ser humano, o sea un sujeto de derechos.
 
(Ahora, aclaro que en nada me apetece juzgar la oposición al aborto como un  producto del machismo. Siempre me ha parecido estúpida esa propaganda feminista que asume la culpabilidad del machismo en cada problemática de género. Y ni siquiera me interesa mucho el pataleo de la roñosa Iglesia Católica al respecto.)
 
En lo personal no tengo ningún empacho en admitir que me parece un absurdo considerar a un embrioncito (o peor aún, a un cigoto) como una persona, sin importar si el objeto en cuestión sea un primate humano en potencia. Sin embargo, más allá de los fundamentalismos de la cristiandad organizada, comprendo que establecer la condición de persona desde la concepción admite excusa desde la conveniencia normativa que supone. Lo veo por el lado de que plantearse una frontera ulterior conllevaría a caer en ambigüedades.    
 
Aunque de todos modos darle a la vida humana un valor absoluto, en conformidad con mis nociones de economía, me parece una gansada. La verdad es que valoramos lo que es escaso frente a lo que es abundante. Vamos, somos demasiados, y la mayoría de nosostros somos absolutamente dispensables. Y además de la negativa valoración que inspira tanta redundancia de gentuza, nos enfrentamos a la amenaza que supone la sobrepopulación. Así que por lo pronto la población humana está muy lejos de caer en números rojos. No así los linces, por ejemplo, a los que toca ponerles un ojo encima.