├ aceite de serpiente, banana ripáblic, Gente & blogs, I, quote ▌por quark schiz ┤
«Lo fascinante es que los mercados no surgen espontáneamente; son instituciones creadas y fomentadas por los Estados, son instituciones de interés público»
- Fernando Bustamante (sociólogo ecuatoriano digno de Plaza Sésamo)
Francamente, no entiendo la dicotomía entre Estado y mercado.
Parece que se olvidan de que el mercado está compuesto por personas, gente. Una correspondencia que se me hace más atinada es la de plantear al Estado como un producto del mercado (¡no al revés!). Y es que puesto que la gente necesita que la provean de seguridad, digamos de un cierto orden social que sirva como cimiento de convivencia, entonces es entendible que exista una demanda por una herramienta política que establezca las reglas de juego y que administre ciertas funciones puntuales encaminadas al bien común. Todo eso, claro está, a cambio de entregar tributos y de, por qué no, parte de nuestra libertad (porque nada es gratis). Digo.
Desde luego la gente, o mejor dicho, el mercado, lejos está de ser un dios que calce con nuestros ideales. Así, por ejemplo, un Estado hipertrofiado bien podría considerarse como una falla de mercado.
Y es por eso mismo que no me cuadra que los socialistas nos quieran meter tanto miedo hacia el mercado como amo de las sociedades, poniendo típicamente como verbigracia las maldades de las grandes corporaciones y de la banca privada, pero entre tanto pretendan empoderar más al Estado, poniéndonos a su merced, justificándose en la voluntad viciada e ignorante de las masas mayoritarías (porque en realidad son aquellas las que arrastran al resto). Tampoco me cae bien que mismos progres de medio pelo que entran en quisquillas contra lo mercantil, el consumismo, el afán de lucro y demás clichés, en fin, los mismos que reclaman por la superficialidad de lo comercial, se permitan a la vez seguirle la corriente a quienes subastan priviliegios, expoliaciones y prebenas a cambio de réditos políticos, a quienes quieren justificar su existencia desde el poder estatal, so pretexto de arreglarnos la vida, vendiéndonos cada sarta de leyes regalonas así como derechos sociales que no necesitamos. Ni siquiera entiendo por qué a estos verdugos se les antoja que el modelo neoliberal está en bronca con la idea de regulación, si el recelo que promueven hacia los monopolios, las empresaurias, las grandes corporaciones, etc., puede resumirse en una preocupación por las tendencias tiránicas de las organizaciones que concentran demasiado poder; entonces, y con mayor razón aún, deberían preocuparse mucho más por ponerle un freno al Gobierno, por ser obviamente el núcleo más peligroso de todos. Es más, su miedo a que en una economía business friendly se bote al tacho de la basura el gasto social, del que estos tontuelos tan enamorados parecen, no es tan creíble, porque de hecho esas inversiones sociales son mucho más viables en los países con economías más liberales, ya que son estos los que poseen una base material lo suficientemente fuerte como para permitirse semejantes lujos...
O sea, lo veo como una cuestión de coherencia.
Así que si me preguntan, prefiero a las derechas. Porque con ellos uno sabe más o menos de qué va la movida, se los ve venir; pero los otros hijos de puta te apuñalan por la espalda.
Y con respecto a la frase que escogí para intitular esta entrada, pasa que de parte mía, a este cejudo mamaverga, junto con quienes guardan en común la misma calaña rameresca:
Mi desprecio.

