Maldita sea, yo tampoco creo que en rigor exista eso de la libertad de expresión. Eso, ni aunque creas que estás en tu casa. Y es que definitivamente es algo jodido de asumir. Supone aceptar que otros van a permitirse herir tus sentimientos de vez en cuando. Pero bueno, me figuro uno no puede comerse el queique y metérselo por el culo a la vez.
Ahora, si vamos a jugar a que existe ese derecho, entonces es algo que no debería dejarse de ejercer. Es como un músculo: se atrofia si no se ejercita.
Por lo que ojo con los peros de los correctores de la expresión, los que a punta de una noción de respeto y de orden social, a veces malentendida, van a acabar desvirtuando ese derecho. Yo tiendo a desconfiar de quienes me trazan distinciones entre libertad y libertinaje en materia de expresión. Porque esas distinciones no suelen ser inocentes, casi siempre son ad hoc, y quienes se creen en posición de establecer esa frontera luego la van a querer mover a tenor de sus susceptibilidades e intereses.
Los hinchas de la corrección política que se amparan en la carta de Hitler para justificar la tipificación de delito para los discursos que inciten al odio o al desprecio en razón de estupideces, ya sea raza, etnia, religión o lo que sea, son unos reaccionarios. Primero, el derecho a la libre expresión abarca la difusión de opiniones desafortunadas y de verdades inconvenientes; por tanto cabe discernir entre un derecho y lo que te parezca que es derecho (como en lo que es justo, cierto, fundado). Segundo, que sepan que es una forma en extremo conservadora de manejar esos problemas; un parche en el mejor de los casos. Es de una ingenuidad pasmosa creer que con suprimir la diseminación del desprecio en la expresión se van a curar las aversiones en la sociedad, como si esas broncas se solucionaran con la censura. Al contrario, percebes biempensantes. Al privarle a la gente de lo único que podría servir como válvula de escape, puede que acaben fomentando exteriorizaciones de odio, ahí sí, bastante peligrosas.
Por más que nos cueste admitirlo, la expresión que ofende es de lo más reivindicativo en el derecho a la libre expresión. Tal vez, y mira que digo tal vez, si no fastidias a nadie con lo que dices es porque no has dicho nada.
Y el tópico de las formas es aún más manoseado. Pasa que quienes se quedan en las formas se pierden la gran película. Fíjate que ser grosero y pararse firme no son actitudes mutuamente excluyentes; la mala leche y la mordacidad pueden ser presentadas con inteligencia. Y asimismo, lo cortés no quita lo fachito ni lo malintencionado; vos puedes ser condescendiente con otros, arrogantemente, sin dejar de ser amable; le puedes decir harta grosería a un oponente pero de buen rollo; se puede ser elocuente hablando barbaridad y media... Y de pronto la canallez solapada es la peor.

