Tiens! Heme aquí, otra vez. En un blog.
Estoy sentado. A un metro sobre mi cabeza se encuentra una colección de 10 tomos de "La Historia de la Literatura Universal" que lucen exactamente como los de aquí. Lo anuncio porque sorprendentemente es la primera vez que les presto la debida atención. O sea, me acuerdo de toda la vida del aspecto de su dorada encuadernación, colocados sobre una vieja repisa, allá en la otra casa en la que viví de mocoso; pero no me había percatado de lo que contenían, de lo que se trataban... ¡hasta ahora! Esos tomos, que ocupan más o menos 3 centésimas de metro cúbico de espacio (parece que es poco, pero en serio que ocupan eso, ¡lo he calculado!), sólo habían significado para mí un mero segmento del ornamento hogareño que era aquella masiva biblioteca que me vió crecer y que aparentemente fue acusada de recibo con filistea indiferencia. Es tan así que los libros que he necesitado o que me han llamado la atención casi siempre los he conseguido de afuera, comprándolos en librerías y puestos de venta o bajándolos por Internet, a veces para darme cuenta, meses o hasta años después de la adquisición, que ya existía una versión (más vieja, por supuesto) de libro asado o cocinado en la propia casa.
Hace pocos momentos pensé en vender esos tomos vía Mercado Libre, como lo he hecho con varios artículos redundantes que la buena de mi mamacita ha comprado impulsivamente para no usarlos nunca; pero hace muchos menos momentos aún acabé por decidir que cuando me separe quiero llevarme esa colección de librotes junto con otros tantos que veo por aquí. Los he de atesorar a pesar de que difícilmente, en lo que se viene de la vida, caigan tales obras dentro de mis prioridades curiositivas o literarias, no como para que me ponga a revisarlos en serio (obvio, no me dedico a las letras). Los quiero como material para el fondo de una estantería especial que pienso construir, a modo de tontopollesca joda conceptual, en representación de la tradicional imbecilidad de poseer bibliotecas con libros muy bellos, que no se los lee jamás.
Y una cosa adicional, para variar. Los pristiños que me he enseñado a preparar, salen bastante bien. Creo que me gusta hacer repostería. Como hoy estoy viviendo solo me he permitido hacer varios menjurges experimentales. Justo anteayer me dediqué un pie de babaco. Quedó un-fucking-believable.
Ah, y me queda menos de una semana. Así que stay tunned, que puede que me invente un premio especial para quien perpetre el comentario número 333.



Holy shit, te has convertido en Bestiaria.
"En otro lado del mundo, Ameliœ, ante lo indescifrable de la indescifrabilidad, se figura que para algunos escogidos, tener un blog es como cuando los matemáticos del XVII y XVIII se enviaban postales."
Ah, y pierdes puntos por no haber hecho un FSM. Casi estás en cero, verás, tsk tsk...
Comment by TItusio — August 22, 2009 @ 9:45 am
¿Huh?! ¿Que me he convertido en qué!?
Protesto por la multa. Es que es un poco insultante para su cuerpo telúrico querer evocarlo con una masa que no es de pasta y que además es dulce.
Comment by quark schiz — August 22, 2009 @ 8:04 pm
Y si tu comentario-respuesta es el 333?
Comment by iPab — August 23, 2009 @ 12:58 am
Significaría que yo gano.
Comment by quark schiz — August 23, 2009 @ 1:01 am
¿Por qué uno tiene que venirse a gringolandia para darse cuenta que la comida ecuatoriana es un manjar de los dioses?
Comment by GC — August 23, 2009 @ 1:08 am
Por contraste. Pero no hace falta para mí. Mi potaje favorito es desde hace mucho la fanesca.
Comment by quark schiz — August 24, 2009 @ 12:18 am