Noviembre 30, 2009 | 2:09 am
heces de neutrino, banana ripáblic, TuTubo, Gente & blogs ▌por quark schiz

Dice Silvia Buendía en El Telégrafo:

«Mariposas mártires, incluso Dedé, pues su martirio fue vivir sin sus hermanas. Sobrevivir para contar la historia de ellas y hacer de su recuerdo el museo de una pena. Estas mujeres que murieron luchando contra la tiranía de un dictador son hoy símbolo de todas las mujeres agredidas, torturadas, humilladas, asesinadas. En memoria de las Mariposas cada 25 de noviembre se conmemora el día de la no violencia contra la mujer.»

No. Esas mujeres que, en efecto, murieron luchando contra la tiranía de un dictador, se han convertido, pero por causa de cierto colectivismo ginocentrista, en un emblema del parasitismo mujeril: porque lo que debería representar este día es la quintaesencia del uso desubicado e hipócritamente sexista de "la mujer" como excusa para poner de relieve perspectivas de género (las que según el establishement guardan exclusividad para las mujeres) en asuntos groseramente dispares, en detrimento de los méritos, logros y excelencias de quienes hicieron mucho más que atesorar una vagina. Está claro que gracias a la propaganda barata de tipejas como la Silvia, la condición de mujer se ha convertido en un complemento sustitutivo de las obras y cualidades medulares de mujeres excepcionales. En el caso de las hermanas Mirabal este bodrio de conmemoración desmerece la verdadera causa de estas mujeres: a ellas no las mataron por su condición de mujeres, sino por ser antitrujillistas recalcitrantes, por lo que usar sus muertes como excusa para celebrar el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer es hasta insultante para con los miles de muertos y desaparecidos que hubieron durante la dictadura del Chivo Trujillo (víctimas de las cuales, te apuesto, fueron en su mayoría hombres, ya que, en contra de lo que la sociobiología manda, ciertamente resultan excepcionales los casos de mujeres que desafían con reincidencia a un mandamás de ese calibre); siendo así, entonces hubiese sido mucho más lícito, y desde luego menos discriminatorio (contra los hombres pero), haber fundado en memoria de la lucha de las hermanas Mirabal el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra los Contradictores de Megalómanos en el Poder. Pero por supuesto aquella es una causa con la que simpatizantes de nuestra criolla politiquería autoritaria, como lo es esta Silvia Buendía, no andan comulgando con la suficiente profusión últimamente; a decir verdad, ni ella ni los demás pelotilleros del régimen que escriben para El Telégrafo, quienes más bien se pierden escribiendo en favor de causas cojudas, las que ni siquiera son compatibles con la izquierda dura que algunos de estos cagatintas pretenden adoptar. Tal es el caso de Mateo Martinez Abarca, ideólogo atrasista posmoderno y escoria representativa de las costumbres meretrices de la intelectualidad ecuatoriana; mientras en Colombia eran perseguidos y asesinados los sindicalistas (de nuevo, en su mayoría hombres), él se dedicaba a regurgitar parrafetes refiriéndose al placer sexual de las mujeres como un derecho vedado por los hombres, una cojudez evidente para cualquiera con dos dedos de frente; e incluso más para un avezado marxista de a de veras: porque, digo, un marxista ortodoxo añadaría que la preferencia de ese payaso por la farandulería, así como su falta de preocupaciones proletarias de relevancia, es consecuencia de su condición de estúpido pequeño burgues, condición de clase que le permite proclamar una causa supuestamente de izquierda (el feminismo nuevaerista) en artículos cursis a modo de fachada para encubrir sus verdaderas pretensiones, las cuales son tan mundanas que su vulgaridad resulta fácilmente deducible a partir de esa gansada de andar adulando a las clitoritas (babosada trillada e ingenua disfrazada de buenos modales que aquel necio comparte con otritos de dudosa reputación e intenciones).

Noviembre 26, 2009 | 1:50 am
photos ▌por quark schiz

  

 

 


 

 

 

Noviembre 22, 2009 | 7:16 pm
guadever, aceite de serpiente ▌por quark schiz

Hay que ser una chucha para creerse las profecías mayas, y las chuchas son estúpidas y crédulas (según Brian Cox). (Este post tiene más de 140 caracteres, por tanto no califica para un 'tuiteo'.)

Noviembre 16, 2009 | 3:27 am
heces de neutrino, aceite de serpiente, TuTubo, Gente & blogs ▌por quark schiz

Telégrafo Guach Nius

Con Iván Sierra, el "vendedor de sueños", supongo que vamos mejorando, un poco. Esta vez escribió una columna con un contenido potable y además sin hacer el imbécil con esas horrendas arrobas en la expresión de géneros. Tal vez su cambio de estilo tuvo que ver, quisiera creer, con un comentario que quise poner en una cajita de su blog, el cual predeciblemente no aceptó publicar (aunque veo que al menos se molestó en revisar el enlace que puse a la entrada que colgué hace unas semanas).

More to the point...

Más allá de la ofrenda al mal gusto que es la inclusión de un símbolo tipográfico con ausencia de correspondencia fónica en el lenguaje y de lo extremadamente desubicado que resulta su uso para indicar ambos géneros (porque el azulito con el que el programa procesador de textos te pinta las palabras "arrobadas" es para resaltar una dirección de correo electrónico y no tu cojudez gregaria), hay otra razón puntual por la que me molesta mucho el uso de las arrobas, así como cualquier otra recomendación zonza y redundante para el "uso no sexista del lenguaje". Es precisamente la estúpida presuposición de que el lenguaje es sexista. 

Es que en esta contemporaneidad los lobbies vaginales nos vienen inculcando con particular profusión aquel paradigma maniqueo de hombres verdugos y mujeres oprimidas, presea estrella de lo políticamente correcto que sirve como excusa para alegar machismo indiscrimadamente en casi cualquier ámbito, como en esa paparruchada de decir que los plurales omnicomprensivos responden no a una mera convención del lenguaje sino a una traza de los hombres para silenciar lo femenino.

Ese análisis obtuso y conspiranoico convenientemente ignora las raíces de los hábitos del lenguaje, además del hecho de que existen lenguas en las que en cambio se favorece al femenino: lenguas como el alemán. En el alemán existen tres géneros: masculino, femenino y neutro, de los que se deducen respectivamente los tres artículos: der, die y das; pues bien, el artículo determinado del plural, en los casos nominativo y acusativo, es siempre die, igual que el femenino en singular (por ejemplo, die Frau es "la mujer" y der Mann es "el varón", pero para decir lo equivalente a "los varones" se dice die Männer); el pronombre de tercera persona singular femenino (sie, "ella" en español) es el mismo que sirve para designar la tercera persona plural, ya sea masculino o femenino, "ellas" o "ellos"; es más, Sie (con mayúscula capital) se usa hasta como pronombre formal para referirse a "usted" o "ustedes". La diferenciación de género y número en tales sustantivos se da por el contexto y por la terminación de los verbos. Entonces, siguiendo el razonamiento de sociólogas como la Erika Sylva Charvet, quien asegura que nada consagra con mayor crudeza estas supremacías de género que el lenguaje, ¿será que lo alemán es hembrista pues?; si el lenguaje es una expresión y a la vez un creador de la realidad, ¿significa acaso que el nazismo alemán fue un producto del matriarcado lingüístico? ¿Por qué nunca he escuchado a ningún asno pedir que se reforme la lengua alemana en favor de la equidad de género que tan de moda está? (Quizás porque la cursilería de género en los hombres no se expresa llegando a esos extremos de forzado kitschismo peripatético.)

Sin embargo, probablemente nada de esto que digo serviría para esclarecerle la cabecita a una de estas articulistas con mirada aparentemente profunda. Una seudointelectual feminista me respondería que el alemán es no obstante discriminatorio contra la mujer porque..., se me ocurre, aunque no se oculta lo femenino, ¡se lo banaliza!; que se desvirtúa su representatividad al hacer extensivo su uso para cualquier plural, monotonizándolo, neutralizando la diferenciación especializada y seductora de lo femenino... O algo así. Lo digo porque el análisis feminista no es inocente, es ad hoc, y parte siempre desde ese concepto berreado hasta la saciedad de que la mujer es la víctima por excelencia; así es facilito construir cualquier cosa, cualquiera, como imputable al machismo... How convenient.   

En fin. La inclusión de arrobas como práctica dizque contra el sexismo del lenguaje es una moda, entre tantas otras afines a la ideología del "generismo", que demuestra lo lejos que ha llegado esta vaca sagrada. Las consecuencias resultan nefastas para la sociedad, pues con el pretexto de hacernos tan iguales como sea posible, pretensión perfeccionista ilusa e ingenua (y eso por no mencionar la carga de impostura que implica, porque a ningún grupo particularista le interesa ni le conviene la igualdad real), se pasan sin chistar políticas de acciones afirmativas de lo más descabelladas que acaban pecando de lo mismo que dicen combatir.



La heroica Esther Vilar explicándole pacientemente a una schwachsinnige und hässliche Frau tirada a sabida (desde luego un ícono del feminismo contemporáneo) los hechos sobre la longevidad de las mujeres con respecto a los varones.

Noviembre 5, 2009 | 2:05 pm
Käsekuchen ▌por Capt. Trois LeChez
The Käsekuchen Journal. Vol, XVII. September, 2009


 
Mi "amigo" Pepe Roble es un imbécil consumado. Tiene una capacidad elevada para pintar; es capaz de hacer retratos bastante buenos, y ha logrado mantenerse solvente económicamente a pesar de ser poco productivo, tras casi cinco décadas de fastidiar la vida a todo el mundo que no puede pintar tan bien como él. Pero si te lo presento hoy mismo, dirás que es un tipazo. Es que verás, Pepe sufre el "Síndrome de la Angustia Fálica", o "Glans-Brain Malfunction Disease".

"He pintado con Goyo Fonseca y con Héctor Raboduro", comenta, orgulloso de su historial de pintores ahora reconocidos entre aspirantes a pintores que tratan de salir adelante mediante la asistencia compulsiva a galerías mediocres que resaltan por su efectivismo vacío.  "Bouguereau y Mucha se me quedan cortos. A mí es que me sale igualito pero igualito, sólo que mejor".

Cuando conocí a José Roble, guarandeño, de un metro setenta de estatura y el rostro de una Elizabeth Taylor sin maquillaje, pensé también que su talento para la pintura debía significar, ipso facto, que era un sujeto sagaz, sensato y sensible. Como son los artistas, ¿no? Se supone que si uno ha llegado a un buen nivel plástico, ha sido gracias a un proceso de observación aguda de la realidad y lo metafísico que podemos abstraer de ella. Pepe me invitó a mirar sus cuadros: retratos que a primera vista hacen pensar que estamos frente a uno de esos prosaicos ermitaños que han entendido la insignificancia del reconocimiento y la alcurnia. Que han escupido el circenses y han abrazado sólo el arte, en un matrimonio que a Nietszche le hubiera hecho vomitar judías. Pero se respeta, hombre, supuestamente era lo que yo quería ser cuando tenía unos 15 y era iluso, estúpido y quería formar parte de una secta católica derechista.

"Pepe", como exigía que se lo llame (por cuestiones de mantener la frescura y la candidez en su trato con gente veinte años menores que él), nos recibió a cuatro de nosotros, practicantes de caricatura amateur, que soñábamos con reemplazar a Bonil, Pancho y otros, en la estelaridad de la crítica de viñetas. "Stornaiolo es demasiado predecible. Se mueve a 4/4. Yo soy jazz, soy polifonía". Lo cierto es que Roble tenía esa capacidad que pocos tienen de hacerme dudar de mi defensa constante del vanidoso. Es decir, yo, como el primero de los vanidosos, comprendo que alguien quiera zafarse de sus frustraciones como creativo al joder a los principiantes y reafirmar su progreso. Pero su insistencia en dejar claro que era capaz de hacer maravillas sin la menor práctica (decía haber topado el lápiz apenas a los 25, dato que su hermana René, la del hijo retardado, no supo coincidir en conversaciones apartadas), le hacía ver como un completo charlatán. 

Y lo era. En realidad, para un cojudo descriteriado, mirar los mismos cinco retratos bien logrados de Pepe era el paraíso, como acostarse fúricamente con la boba esa ¿Isabella? que se pasea con Elhers Jr. y muestra el abdomen cada dos tomas de un pueblerino inocentón (atiende, creo, en el bar sushi shithole "Noé", como hostess. Pa' que vean que yo cuento la plena). Para mí, tras la tercera pasada consecutiva de su mismo estilo imitativo hasta el fastidio, era como mamarse los programas oligofrénicos de esos politécnicos en el canal del Estado (un día me topé con una de las presentadoras y mientras me amarraba los cordones de las botas y le veía hablar de "lo difícil que es producir un show" me di cuenta de que por culpa de pendejas como ella, yo nunca podré tener mi anhelado show radial de variedades [diferenciables]).
 
 
 
Lo particular de Pepe es que se cagaba en mi criterio prejuicioso del artista "de las tres eses". Ahora ya no respetaba a ningún miembro de ningún gremio hasta que no me demostrara que tiene sentido darle un apretón de manos con consideración intelectual genuina. Y principalmente, me recuerda hasta ahora la enorme pereza que me suele dar tener que explicarle al animal de turno la cantidad de pasos necesarios para que se dé cuenta de las estupideces que habla. El daño, empero, radica en que esa consuetudinaria laxitud social termina dejándome ver las huevas por cada tipejo/a, quien, con mi silencio, asumen una victoria "por falta de argumentos", en una representación lustrosa del insufrible ababol que considera que en las peroratas o sermones, radica la esencia de "estar en lo cierto". La otra opción sería darme de puñetes, pero, so pena de aparecer como un marica -ni modo, tal vez soy un cobarde y por eso tanto odio reprimido, whatever works for you-, en realidad quisiera conservar mis manos para ser el John Mayer cholo, sueño que está en el top five de mi lista.
 
Y así como Pepe Roble, parece que hay una cantidad insoportable de tirados a gurús por el hecho de haberse auto-amaestrado (la forma más vil de ser un ordinario hijo de puta) en alguna arte o monería socialmente bien vista, pero tan ensayada y fatua como los recursos estéticos de un joyero/tatuador 'fagotero' de La Mariscal, que creen que en sus letanías egocéntricas (que poco tienen que ver con el egocentrismo y la vanidad bien construídas que tanto promulgo) se manifiesta también alguna esencia fundamental que los hace incorregibles, hasta el punto de caer en disparates tan vergonzosos como el de ponerse a discutir, cual estupendos orates, en un idioma que no entienden, con gente que claramente es más inteligente...
 
La alusión es a Carlos Swett Salas, incansable pendejo que, a nombre del Ecuador (que suficiente tiene con ser un país con un nombre ridículo), armó un relajo virtual entre trollesco y bluper de la SINAMUNE like, que francamente me hizo arrepentir de entender bien el inglés y haber comprendido la raíz de tanta brutalidad escupida por este tuberculoso mental. Como decía un bloggero guayaco, en tiempos en los que decirlo era de buen gusto, "daban ganas de cortarse la verga y darla de comida a los hinchas de la LDU".
 
 
[Carlos Swett Salas, ¿acaso un artista con, oh, tan nobles sentimientos? Más bien un zopenco aquejado de una patológica caradurez criolla. En la ecuablogósfera se lo conoce por su persistencia en lanzar acusaciones fuera de propósito (como lo pueden constatar aquí o aquí). Hace varios años quiso representar al pabellón nacional en un mousefight contra James Randi y sus colegas en el que debe ser uno de los atrevimientos más sonrojantes y penosos que se han dado de parte de un imbécil en pos del millón de dólares de la JREF. -- quark schiz]
 
Mi fastidio debe ser el análogo a lo que Lennon cantaba con sentarse en una hojuela de maiz. Pero largándose a uno de esos países con IQ promedio superior a 110 y servicios higiénicos gratuitos y, go figure... higiénicos. De esos donde la palabra "mercado" es sinónimo de "gente produciendo", y no hace falta tener que dar de culazos al teclado para producir textos que dizque ilustran sobre la importancia de reconocer el lado "social" de la economía, en particular, sobre la panacea que esto significaría para el pensamiento político (¡tan progre él!) latinoamericano. O para el pensamiento de vanguardia que trata de reinvindicar el rol del intestino grueso en la escritura de columnas de opinión, modelo obtuso que tiene a Mateo Martínez Abarca como abanderado mimado: basta leer su artículo sobre el derecho al placer sexual de las mujeres para preferir besar las gomas de un trailer en movimiento antes que soportar la embestida de su "caravana de la cojudez, una columna de caca a la vez"...
 
(Ese fue mi yo coplero, que nunca fue capaz de vender sus limericks a una revista por eso de no ser tan guapo como Carlos Vera. Gracias. Aplausos. Telón. Vuelve a subir, Manitas de Jazz. Telón.)
 
 
Noviembre 4, 2009 | 12:50 am
aceite de serpiente, photos, banana ripáblic ▌por quark schiz

Pues conozco a una panda de estos hinchas de Cristo que se dedican los días domingo a obstruir el tráfico en la zona esquinera de la Eloy Alfaro y Portugal. Me topo con el pomposo eslogan de su iglesia los primeros cinco días de la semana. Pasa que para estos chistosos evangélicos probablemente -¡qué digo probablemente!- ¡definitivamente Diosito existe! Porque se necesita sostener eso con una convicción groseramente firme para dejar de preocuparse y disfrutar la vida (con Cristo, obvio). Total, que de los problemas del Ecuador (cuya bandera es lo suficiente fea con ese escudo adefesioso) se encargue un macho alfa mágico y todopoderoso, el verdadero dueño del país, a quien sólo baste orarle rastreramente para que nos cuadre las cosas. Sin embargo, es curioso además de paradójico (como bien lo apunta nuestro amigo Dawkie) que ese cuerpo estupidizante de pajas mentales con el que esta gentecita comulga, las cuales les servirían, a tenor de ese eslogan, como penosa excusa para ser irresponsables, no desincentive a los adeptos a seguir haciendo extensiva arrogantemente su drogadicción mística al resto de personas. Si las cabezas de esta secta realmente confiasen en la efectividad de sus ruegos a la divinidad no se hubieran molestado en mandar una más que elocuente propuesta estatista y teocrática para la Constitución de Montecristi.

Eslogan de la campaña de vanguardia "Bus Deísta"

   

Noviembre 1, 2009 | 2:41 am
heces de neutrino, banana ripáblic ▌por quark schiz

♪Ay, Diosito lindo, a-yu-da-me♪

Para hacernos una ideota de lo que significa esto del "uso no sexista de la lengua", voy a reproducir un pedazo de un post (el cual recomiendo leer completo) escrito por un tal Cinzcéu, autor del blog Antes de la lluvia:

2. Segundo, hay una fatal inconsistencia por parte de estos ñoños que se consideran a la moda: son incapaces de ser consecuentes con su propia norma. Aquí son políticamente correctos y meten sus ñoñas arrobas pero allí (en el mismo párrafo o en el siguiente) vuelven al español, siempre. Son artificiosos y artificiales y, por lo tanto, son nabos.

3. Tercero, yo no he sido ni seré docente de niveles iniciales pero si pongo un mínimo de teoría, un poco de práctica y algún recuerdo infantil, supongo que la enseñanza de la lectoescritura -un saber, un oficio y un arte que no son míos- consiste en ayudar a asociar grafemas con fonemas, letritas con sonidos. Así aprendí yo y estimo que todos. Es bastante clásica la escena del maestro que escribe una "a" en el pizarrón y pronuncia verbalmente una "a". El método tendría una base indiscutible: todos hablamos antes de aprender a leer (primero) y escribir (después); la escritura es un artificio transpositivo para el registro gráfico del sonido fónico.

Ahora bien, ¿cómo carajo se pronuncia "niñ@s"?; ¿cómo exponen oralmente sus arrobas los ñoños que escriben "niñ@s"; ¿cómo se educa en la lectoescritura a partir de grafemas que no tienen correlato fónico ninguno? Me parece que así no se educa en absoluto y que los resultados de la necedad están al alcance de la mano.

Ahora, hablando en serio...

Quienquiera que realmente crea que escribir arrobas o equises donde deberían ponerse vocales, o que crea que escribir obsesivamente "los y las" y que afear las palabras con el uso de barras lo convierte en un progre chic, en fin, que crea que cagarse en la lengua española es un paso adelante en la igualdad de género, ¡se merece un castigo brutal!

Parafraseando lo que, a propósito de esto, me acuerdo que leí de Alvmundo Freudaro hace tiempazos en el blog Sin Telefé: Premio por ser avant merde al reemplazar vocales con arrobas: Palo de escoba envuelto con alambre de púas. Por el culo y sin vaselina.

Y en el caso de este tal Iván Sierra, consultor empresarial y asno invitado de El Telégrafo, un chirlazo en la cara como remate por haber perpetrado un desperdicio de papel, tinta negra y espacio ciberespacial al escribir semejante paparrucha de columna.