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De quintacolumnistas pelotilleros y mujeres ginocentristas, parásitas y ñoñas (I)
Dice Silvia Buendía en El Telégrafo:
«Mariposas mártires, incluso Dedé, pues su martirio fue vivir sin sus hermanas. Sobrevivir para contar la historia de ellas y hacer de su recuerdo el museo de una pena. Estas mujeres que murieron luchando contra la tiranía de un dictador son hoy símbolo de todas las mujeres agredidas, torturadas, humilladas, asesinadas. En memoria de las Mariposas cada 25 de noviembre se conmemora el día de la no violencia contra la mujer.»
No. Esas mujeres que, en efecto, murieron luchando contra la tiranía de un dictador, se han convertido, pero por causa de cierto colectivismo ginocentrista, en un emblema del parasitismo mujeril: porque lo que debería representar este día es la quintaesencia del uso desubicado e hipócritamente sexista de "la mujer" como excusa para poner de relieve perspectivas de género (las que según el establishement guardan exclusividad para las mujeres) en asuntos groseramente dispares, en detrimento de los méritos, logros y excelencias de quienes hicieron mucho más que atesorar una vagina. Está claro que gracias a la propaganda barata de tipejas como la Silvia, la condición de mujer se ha convertido en un complemento sustitutivo de las obras y cualidades medulares de mujeres excepcionales. En el caso de las hermanas Mirabal este bodrio de conmemoración desmerece la verdadera causa de estas mujeres: a ellas no las mataron por su condición de mujeres, sino por ser antitrujillistas recalcitrantes, por lo que usar sus muertes como excusa para celebrar el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer es hasta insultante para con los miles de muertos y desaparecidos que hubieron durante la dictadura del Chivo Trujillo (víctimas de las cuales, te apuesto, fueron en su mayoría hombres, ya que, en contra de lo que la sociobiología manda, ciertamente resultan excepcionales los casos de mujeres que desafían con reincidencia a un mandamás de ese calibre); siendo así, entonces hubiese sido mucho más lícito, y desde luego menos discriminatorio (contra los hombres pero), haber fundado en memoria de la lucha de las hermanas Mirabal el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra los Contradictores de Megalómanos en el Poder. Pero por supuesto aquella es una causa con la que simpatizantes de nuestra criolla politiquería autoritaria, como lo es esta Silvia Buendía, no andan comulgando con la suficiente profusión últimamente; a decir verdad, ni ella ni los demás pelotilleros del régimen que escriben para El Telégrafo, quienes más bien se pierden escribiendo en favor de causas cojudas, las que ni siquiera son compatibles con la izquierda dura que algunos de estos cagatintas pretenden adoptar. Tal es el caso de Mateo Martinez Abarca, ideólogo atrasista posmoderno y escoria representativa de las costumbres meretrices de la intelectualidad ecuatoriana; mientras en Colombia eran perseguidos y asesinados los sindicalistas (de nuevo, en su mayoría hombres), él se dedicaba a regurgitar parrafetes refiriéndose al placer sexual de las mujeres como un derecho vedado por los hombres, una cojudez evidente para cualquiera con dos dedos de frente; e incluso más para un avezado marxista de a de veras: porque, digo, un marxista ortodoxo añadaría que la preferencia de ese payaso por la farandulería, así como su falta de preocupaciones proletarias de relevancia, es consecuencia de su condición de estúpido pequeño burgues, condición de clase que le permite proclamar una causa supuestamente de izquierda (el feminismo nuevaerista) en artículos cursis a modo de fachada para encubrir sus verdaderas pretensiones, las cuales son tan mundanas que su vulgaridad resulta fácilmente deducible a partir de esa gansada de andar adulando a las clitoritas (babosada trillada e ingenua disfrazada de buenos modales que aquel necio comparte con otritos de dudosa reputación e intenciones).






Pues conozco a una panda de estos 
♪Ay, Diosito lindo, a-yu-da-me♪ 
