Noviembre 16, 2009 | 3:27 am
heces de neutrino, aceite de serpiente, TuTubo, Gente & blogs ▌por quark schiz

Telégrafo Guach Nius

Con Iván Sierra, el "vendedor de sueños", supongo que vamos mejorando, un poco. Esta vez escribió una columna con un contenido potable y además sin hacer el imbécil con esas horrendas arrobas en la expresión de géneros. Tal vez su cambio de estilo tuvo que ver, quisiera creer, con un comentario que quise poner en una cajita de su blog, el cual predeciblemente no aceptó publicar (aunque veo que al menos se molestó en revisar el enlace que puse a la entrada que colgué hace unas semanas).

More to the point...

Más allá de la ofrenda al mal gusto que es la inclusión de un símbolo tipográfico con ausencia de correspondencia fónica en el lenguaje y de lo extremadamente desubicado que resulta su uso para indicar ambos géneros (porque el azulito con el que el programa procesador de textos te pinta las palabras "arrobadas" es para resaltar una dirección de correo electrónico y no tu cojudez gregaria), hay otra razón puntual por la que me molesta mucho el uso de las arrobas, así como cualquier otra recomendación zonza y redundante para el "uso no sexista del lenguaje". Es precisamente la estúpida presuposición de que el lenguaje es sexista. 

Es que en esta contemporaneidad los lobbies vaginales nos vienen inculcando con particular profusión aquel paradigma maniqueo de hombres verdugos y mujeres oprimidas, presea estrella de lo políticamente correcto que sirve como excusa para alegar machismo indiscrimadamente en casi cualquier ámbito, como en esa paparruchada de decir que los plurales omnicomprensivos responden no a una mera convención del lenguaje sino a una traza de los hombres para silenciar lo femenino.

Ese análisis obtuso y conspiranoico convenientemente ignora las raíces de los hábitos del lenguaje, además del hecho de que existen lenguas en las que en cambio se favorece al femenino: lenguas como el alemán. En el alemán existen tres géneros: masculino, femenino y neutro, de los que se deducen respectivamente los tres artículos: der, die y das; pues bien, el artículo determinado del plural, en los casos nominativo y acusativo, es siempre die, igual que el femenino en singular (por ejemplo, die Frau es "la mujer" y der Mann es "el varón", pero para decir lo equivalente a "los varones" se dice die Männer); el pronombre de tercera persona singular femenino (sie, "ella" en español) es el mismo que sirve para designar la tercera persona plural, ya sea masculino o femenino, "ellas" o "ellos"; es más, Sie (con mayúscula capital) se usa hasta como pronombre formal para referirse a "usted" o "ustedes". La diferenciación de género y número en tales sustantivos se da por el contexto y por la terminación de los verbos. Entonces, siguiendo el razonamiento de sociólogas como la Erika Sylva Charvet, quien asegura que nada consagra con mayor crudeza estas supremacías de género que el lenguaje, ¿será que lo alemán es hembrista pues?; si el lenguaje es una expresión y a la vez un creador de la realidad, ¿significa acaso que el nazismo alemán fue un producto del matriarcado lingüístico? ¿Por qué nunca he escuchado a ningún asno pedir que se reforme la lengua alemana en favor de la equidad de género que tan de moda está? (Quizás porque la cursilería de género en los hombres no se expresa llegando a esos extremos de forzado kitschismo peripatético.)

Sin embargo, probablemente nada de esto que digo serviría para esclarecerle la cabecita a una de estas articulistas con mirada aparentemente profunda. Una seudointelectual feminista me respondería que el alemán es no obstante discriminatorio contra la mujer porque..., se me ocurre, aunque no se oculta lo femenino, ¡se lo banaliza!; que se desvirtúa su representatividad al hacer extensivo su uso para cualquier plural, monotonizándolo, neutralizando la diferenciación especializada y seductora de lo femenino... O algo así. Lo digo porque el análisis feminista no es inocente, es ad hoc, y parte siempre desde ese concepto berreado hasta la saciedad de que la mujer es la víctima por excelencia; así es facilito construir cualquier cosa, cualquiera, como imputable al machismo... How convenient.   

En fin. La inclusión de arrobas como práctica dizque contra el sexismo del lenguaje es una moda, entre tantas otras afines a la ideología del "generismo", que demuestra lo lejos que ha llegado esta vaca sagrada. Las consecuencias resultan nefastas para la sociedad, pues con el pretexto de hacernos tan iguales como sea posible, pretensión perfeccionista ilusa e ingenua (y eso por no mencionar la carga de impostura que implica, porque a ningún grupo particularista le interesa ni le conviene la igualdad real), se pasan sin chistar políticas de acciones afirmativas de lo más descabelladas que acaban pecando de lo mismo que dicen combatir.



La heroica Esther Vilar explicándole pacientemente a una schwachsinnige und hässliche Frau tirada a sabida (desde luego un ícono del feminismo contemporáneo) los hechos sobre la longevidad de las mujeres con respecto a los varones.

Noviembre 1, 2009 | 2:41 am
heces de neutrino, banana ripáblic ▌por quark schiz

♪Ay, Diosito lindo, a-yu-da-me♪

Para hacernos una ideota de lo que significa esto del "uso no sexista de la lengua", voy a reproducir un pedazo de un post (el cual recomiendo leer completo) escrito por un tal Cinzcéu, autor del blog Antes de la lluvia:

2. Segundo, hay una fatal inconsistencia por parte de estos ñoños que se consideran a la moda: son incapaces de ser consecuentes con su propia norma. Aquí son políticamente correctos y meten sus ñoñas arrobas pero allí (en el mismo párrafo o en el siguiente) vuelven al español, siempre. Son artificiosos y artificiales y, por lo tanto, son nabos.

3. Tercero, yo no he sido ni seré docente de niveles iniciales pero si pongo un mínimo de teoría, un poco de práctica y algún recuerdo infantil, supongo que la enseñanza de la lectoescritura -un saber, un oficio y un arte que no son míos- consiste en ayudar a asociar grafemas con fonemas, letritas con sonidos. Así aprendí yo y estimo que todos. Es bastante clásica la escena del maestro que escribe una "a" en el pizarrón y pronuncia verbalmente una "a". El método tendría una base indiscutible: todos hablamos antes de aprender a leer (primero) y escribir (después); la escritura es un artificio transpositivo para el registro gráfico del sonido fónico.

Ahora bien, ¿cómo carajo se pronuncia "niñ@s"?; ¿cómo exponen oralmente sus arrobas los ñoños que escriben "niñ@s"; ¿cómo se educa en la lectoescritura a partir de grafemas que no tienen correlato fónico ninguno? Me parece que así no se educa en absoluto y que los resultados de la necedad están al alcance de la mano.

Ahora, hablando en serio...

Quienquiera que realmente crea que escribir arrobas o equises donde deberían ponerse vocales, o que crea que escribir obsesivamente "los y las" y que afear las palabras con el uso de barras lo convierte en un progre chic, en fin, que crea que cagarse en la lengua española es un paso adelante en la igualdad de género, ¡se merece un castigo brutal!

Parafraseando lo que, a propósito de esto, me acuerdo que leí de Alvmundo Freudaro hace tiempazos en el blog Sin Telefé: Premio por ser avant merde al reemplazar vocales con arrobas: Palo de escoba envuelto con alambre de púas. Por el culo y sin vaselina.

Y en el caso de este tal Iván Sierra, consultor empresarial y asno invitado de El Telégrafo, un chirlazo en la cara como remate por haber perpetrado un desperdicio de papel, tinta negra y espacio ciberespacial al escribir semejante paparrucha de columna.

Agosto 12, 2009 | 7:49 pm
heces de neutrino, aceite de serpiente, banana ripáblic, Gente & blogs ▌por quark schiz

Estimados contertulios:

Bienvenidos a una nueva edición de Que el Lector Juzgue. Por esta ocasión, o mejor dicho, en este blog, voy a ser yo el que juzgue, obviamente. Que mi podio de juez no le venga sin cuidado, amigo, pues recuerde usted que si bien mi consabido personaje no representa, generalizando estúpidamente, a el lector, el que yo sea sólo uno, o tal vez otro, no significa que sea ninguno: fíjese que, estadísticamente hablando, si yo pienso asado o cocinado sobre tal o cual cosa, es lícito inferir que va a haber unos tantos más ahí fuera con opiniones símiles. Total, "la mayoría de gente son otra gente".

Así pues, sin más exordio que el párrafo anterior...

 

La Suciedad de Hippies (We're Only in It for the Tits)

Lo que fundamentalmente diferencia a un izquierdista de principios de uno de modas, es que los verdaderos -aparte de ser, de entre las izquierdas, una panda númerica y sociológicamente minoritaria- asumen e interiorizan su repertorio ideológico con la suficiente gravedad como para no seguirle la corriente a cualquier huevada que se venda como producto de vanguardia, sin importar si esa mantención de principios es perjudicial para su as(c)enso social o para la capitalización del fervor uterino de alguna golfita impresionable.

El movimiento hippie, como muestra de esta calaña que compone la normalidad entre las zurderas, no deja de perder fuerza ejemplificadora. Frank Zappa, quien era un sujeto demasiado sagaz como para comerse el cuento de que lo "transgresivo" es válido per se, despreciaba a los hippies, a quienes denunció diciendo que no eran sino "otra manifestación del conformismo norteamericano, de la tendencia a agruparse en tribus que aceptan un evangelio que les hace sentirse superiores a los demás".

(Con Zappa podemos discrepar en eso de atribuirle a ese comportamiento la etiqueta de norteamericano, porque el tribalismo lo acarreamos desde que eramos primates menos civilizados, además no le veo mucho pecado a las masturbaciones egoístas. Pero el queso del asunto es el engaño de ese buenismo tarúpido e hipócrita que pretende engañarnos con esas poses, idealizándolas como algo que no son.)

En lo que me gustaría que nos centremos por lo pronto es en esa cacareada rebeldía vendedora, dejando esos jueguitos de ego aparte, para ver si estos personajes, quienes para hacerse notar se mercadean como reivindicativos, vanguardistas, libertadores, transgresores o qué sé yo, hasta qué punto responden por lo verdadero y si realmente le hacen honor a esas etiquetas que ostentan como medallas. Uno de los artículos del columnista Xavier Flores Aguirre publicados en El Telégrafo me parece casi perfecto para ilustrar esto que hablo. Veamos:

Ahora, ¿quiénes han compuesto, en nuestro país, la así llamada “sociedad normal”?  De manera tradicional, la han compuesto personas de clase social media/alta, de género masculino, de raza blanca (o pretensamente blanca), de religión católica y de ideología conservadora.  También, de manera habitual, el derecho (expresado en la redacción de leyes y, en particular, en las decisiones de los jueces -que han solido  compartir los atributos de quienes componen la “sociedad normal”) ha respaldado la posición de los miembros de la “sociedad normal”. Precisión necesaria: sostener la existencia de una “sociedad normal” implica sostener la existencia de “anormales” para esa sociedad, de personas que no comparten esos atributos de clase, género, raza, religión o ideología, lo que termina por implicar, de manera habitual, la exclusión o la represión (que se manifiesta en la negación del ejercicio de ciertas libertades) de quienes son considerados “anormales” (o sea, en concreto: indios, negros, cholos, mujeres, no católicos, homosexuales, liberales y defensores de libertades públicas y, en definitiva y de manera general, los pobres).

Permítanme unas cuantas observaciones, si no es mucha molestia.    

  • Con eso de la "sociedad normal" asumo que este Flores se refiere a quienes se encargan de mover las cuerdas. La van a componer obviamente las personas de clase media a alta (pos porque la clase manda, ni modo). Pero que sepan, compañeros, que quienes están más abajo no funcionarían ni de chanza como alternativa para llevar el sartén por el mango, precisamente porque dados los alcances económicos de las clases populares, además de su falta de aspiraciones culturales, los sujetos que las componen encuentran difícil el acceso a la buena educación y a la cultura colonizadora; de hecho, los más pobretones se hallan demasiado aislados de esos grandiosos valores occidentales (tales como la democracia, la igualdad jurídica, los derechos humanos, el individualismo, etc.) que necesariamente han de predicarnos estos rescatadores justicieros si pretenden hablar en serio. Ponte, si para el pendejo peatón promedio la democracia es un concepto sinónimo de mayoritarismo, para el común del lumpen es algo mucho más arcano que eso, hasta puede que ajeno a su retrógrado bagaje cultural (las comunidades indígenas de la Sierra, por ejemplo, reportadamente conservan un modelo  organizativo vertical, patriarcal y excluyente, en donde un cacique se permite toda la batuta ante un manojo de indios sin voz ni voto, quienes se limitan a hacer lo que se les manda). Lo que me parece curioso es que estos dizque progresistas, quienes por cierto suelen pertenecer a la clase acomodada, generalmente expresada como una burguesía culterosa y solapadamente elitista (posición de la que pretenden diferenciarse alegando conciencia social y rasgándose de vez en cuando las vestiduras contra lo que entienden por "clasemedierismo", para enseguidita reconocer que estadísticamente pertenecen a ese grupo, como para disculparse), presuman enarbolar la bandera de los derechos humanos, de la democracia, la igualdad y lo demás, pero que, a la vez, le quieran seguir el juego a las estupideces del relativismo cultural o del pensamiento débil y demás posmoderneces políticamente correctas que justamente ponen en duda cada una de esas linduras.
  • Lo de hablar de "género masculino" sugiere que nos podemos ir de coles con la gramática, pero qué carajos, asumo que debemos dejar a un lado los malévolos plurales para enfocarnos en el aspecto social. Pues bien, el que los hombres hayan despuntado siempre como motor del progreso en las sociedades, acaparando poder, protagonismo y gloria, se debe, básicamente, a que ellos, debido a su naturaleza testosterónica, suelen correr muchos más riesgos que las mujeres; por eso es común que los miembros del sexo masculino trabajen más duro, aprieten de más el pedal del acelerador, vivan menos años y hasta acostumbren servir como carne de cañón en las guerritas, por no mencionar que son sumamente recurrentes entre los obreros explotados en las maquilas, fábricas y mineras; en fin, los hombres, históricamente, además de haber protagonizado el proletariado, han hecho hasta de burros de carga mantenedores de "esclavas". Empero, que esa constante represente necesariamente un privilegio para los hombres es, por lo menos, discutible.
  • Con respecto a las personas de la raza blanca, que yo sepa los caucasianos de verdad generalmente no cargan demasiada conciencia de raza, no de forma chauvinista, creo, al revés de esas minorías raciales y étnicas que veo que estos progrezuelos tanto aúpan; yo veo más comúnmente en quienes son mestizos indigenados, cholos o 'indios igualados' manifestar mayores preocupaciones racistas. Los que aparte de ser blancos son concientes de ser un grupo étnico aparte son los judíos, y si hablamos de grupos de poder, de empresaurios y ricachones (de esos que juegan sucio), me es conocido que ciertos judíos ejercen mucha más influencia que cualquier mestizo blanqueado promedio. ¿Por qué no apuntar a los semitas entonces? Supongo que porque es políticamente incorrecto, casi me olvido.
  • Sobre eso de recalcar la influencia de la religión católica, pues nada, es cierto, es de lo más corriente en un país en el que alrededor del 80% de habitantes se llaman cristianos católicos. Lo que me llama la atención es esa bufonada de citar a los católicos como categoría adjunta a la de ser hombre, caucásico y de clase media alta, poniendo aparte a los negros, cholos, indios, mujeres y demás pobrecitos. Un esquema de la sociedad que es por demás maniqueo, simplista y equivocado. Si hablamos de religiosidad y de supersitición, a mí me parece puñeteramente evidente que las personas que más se dejan abrutar por esos opios suelen pertenecer a bajas raleas sociales, en las que coinciden justo los indígenas, negros y cholos. Es probable incluso que la gran mayoría de cristianoides hasta sean mujeres; eso porque, según cada estudio realizado al respecto, las mujeres tienden a ser más creyentes y religiosas que los hombres (por no mencionar otros estudios que sugieren que la gente con más CI suele ser secular). Pero por supuesto, eso no me debe abonar ni un solo punto dado que lo farandulero es decir que son los hombres blancos los verdugos creadores de miseria, desestimando siempre la responsabilidad a los "buenos" de la película; es decir, no importa si de pronto las mujeres resultan ser más crédulas, bobas, cobardes y beatas, o si a algunas les gusta vestirse provocativamente; eso tiene que ser porque los hombres las obligan (así  lo predicaba el hippie santurrón de John Lennon, luego así ha de ser).
  • E ídem de ídem con respecto a eso de la "ideología conservadora" (asumiento que se refiere a vicios como el sexismo, homofobia, curuchupismo, rigidez, etc.).
  • Básicamente, ese artículo en cuestión está plagado de convencionalismos que destilan un lamentable estereotipo típico de una progresía poseur.
FUENTES:
 
[1] "Sobre el relativismo cultural". Foro de Ciencias Sociales. http://forotextos.galeon.com/enlaces373513.html
[2] Celliers, Jack. "The machista-leninista hits back". Jugo de Ladrillo. http://jugodeladrillo.blogspot.com/2006/04/machista-leninista-hits-back.html
[3] "Acute Stress Increases Sex Differences in Risk Seeking in the Balloon Analogue Risk Task" http://www.plosone.org/article/info%3Adoi%2F10.1371%2Fjournal.pone.0006002
[4] "Women More Religious Than Men". LiveScience. http://www.livescience.com/culture/090227-religion-men-women.html
[5] "World Publics Welcome Global Trade -- But Not Immigration: Religion and Social Issues". Pew Global Attitudes Project. http://pewglobal.org/reports/display.php?ReportID=258
[6] Quacklevenesnky, Leviti. "Look It Up You Lazy Fuck". Massachusetts Institute of Technology, 2006.
[7] Mis empleadas domésticas.
 
Julio 22, 2009 | 12:20 am
heces de neutrino, fotones con neuronas, WTF!?, I, quote ▌por quark schiz

Estaba revisando las notas del crítico John Fallon acerca de la segunda de Transformers. Lo que dice con respecto a los bobísimos gags y humoradas pueriles propuestas en la cinta es atinadísimo, lo transcribo:

The humor here was of the caliber of say STAR WARS THE PHANTOM MENACE (Jar-Jar) meets AMERICAN PIE and it pissed me the f*ck off. 

Sin lugar de dudas, una pendejada de... mierda. Un bodrio cancerosamente secuelítico, criminal burla fílmica que representa mucho de lo peor en lo hollywoodesco... En corto: digamos que vale tres atados de verga y que no pienso extenderme demasiado reseñándola, no hay por qué gastarse así cuando ya otros lo han dejado en claro con mucha más elocuencia.

La culpa no es de Miguel Bahía. No puede ser posible que la culpa sea sólo del director, no puede ser. Sospecho mucho más de quienes confeccionaron el guión (de pronto fue ese tal Ehren Kruger quien la cagó tan feamente). También está el productor ejecutivo, el Espilbergo, ese maldito que permitió la realización de esta afrenta, quizás él es de verdad responsable...

Huh... no, de pronto no, nada de eso. Porque ellos solamente le siguen el juego al común denominador de su mercado (cuya edad mental no pasa de los 13 años). La soberana audiencia es verdaderamente la culpable. Nos mandamos la mierda cinematográfica que nos buscamos, la que nos merecemos.

 

Julio 7, 2009 | 10:33 pm
guadever, heces de neutrino, aceite de serpiente, photos, banana ripáblic, Gente & blogs, IMDb, WTF!?, I, quote ▌por quark schiz
Me carga la charlatanería. Me hierve la sangre cuando me quieren tomar el pelo, y me hierve aún más atestiguar cómo mucha gente le sigue la corriente a los fulleros, aupándolos. Lo peor es que quienes cazan la metedura de dedo a veces prefieren conformarse con una chapeta o un suspiro para luego retirarse en lugar de confrontar las cosas. Y lo que es todavía peor, a veces tengo que ser yo el que le acuse a otros las cuarenta a pesar del pH de mi estómago, pues sabe Zeus que a mi aparato digestivo le convendría que yo sea más bien de esos que no meten la cuchara, de los que escuchan, callan y aprenden, y que en el mejor de los casos les hacen barras psíquicas a quienes sí cuentan con el carisma y la elocuencia para cantar la plena sin estar de los nervios.
 
Es un poco preocupante, eso sí, que no ande escatimando virulencia ni causticidad, que de chiste en chiste me esté volviendo déspota. Y me refiero a contextos del mundo real, así fuera de monsergas virtuales y de personajes, por cierto.
 
Es que estoy hartándome de tanta oligofrenia, de tanta hipocresía, mentira y superficialidad, de tanta mamarrachada, de tanta soberbia...
 

Estoy de malas, sí. Vengo cansado. Hoy no ha sido un buen día.  

Ahora me siento delante de la página web de El Telégrafo, el diario público, dizque... ¿Para qué carajos leer esto? Yo al menos reviso de vez en cuando las columnas de opinión porque el leer las pajas mentales de quienes en su mayoría son poseritos, bufones y babosos alucinados con zurdera cursi, hasta posmoide a ratos, subproductos de nuestra intelectualidad, es algo que afina mi morbo particular (este Endivio dice que lo hace por las mismas).

Coprofilias de lectura aparte, veo que es notable en los editorialistas de El Telégrafo sus bravatas de posicionamiento, eso de presumir que hacen un diario dirigido para todos los segmentos, a saber: cobradores, carniceros, cargadores, gayos, rebeldes, abrazadores de árboles..., hasta los extraterrestres dizque están incluídos... Pero nada, veo que no pasan de ser pretensiones fatuas que las adoptan casi con la misma madurez de un episodio de los Power Rangers.

¿Le hace falta al carnicero leer esto? ¿Por qué habría de interesarle al cargador las columnas de debate? Por poner ejemplos: el chiclero para mí que preferiría comprar El Extra, porque es ligerito y principalmente por la calentura que se pega con la llucha de turno; también se me ocurre que a cierto cobrador le atañe el chismógrafo rojo del día tal y cual porque de pronto conoce a ese fulano Chicaíza de quien se reporta que le metieron filadelfia en San Isidro. ¿Por qué entonces no sería mejor para ellos leer El Extra? Es cierto que la escandalización es un elemento que atrae a muchísima gente de morbo maleducado, pero aun a sabiendas de esa perogrullada no se puede ser tan pelmazo como para condenar de un tajo a ese tabloide. Mira, desde cierto punto de vista... no sé si sociológico o antropocultural o psicosocial... o algo que suene a eso, El Extra cumple cierto rol noticioso frente a los aconteceres y miserias de esos sectores que, si bien se los puede tachar de barriobajeros, incultos e incivilizados, no por eso dejan de ser un segmento relevante cuyas exigencias noticiosas y de recreación visual el "primer diario público" no ha tomado en cuenta... O sea, ¿dónde está el picantito obsceno en El Telégrafo, el diario que es para todos?

Un ejemplo más rebuscado: el sucio vagabundo que perdió ambos brazos al accidentarse cuando trabajaba en una fábrica de textiles y que no le queda otra que deambular por las calles de Quito pidiendo caridad. ¿Qué de diferente le ofrece El Telégrafo a este pobre hombre con respecto a los discursos dominantes? Ninguna maldita cosa. Toma a una tarúpida pomposa como Erika Sylva Chárvez como muestra: ella escribiendo sobre la gran opresión machista que debería significar para unas pobrecillas burócratas de cierta institución pública el llevar uniforme de trabajo, cuando la verdad es que los trabajos más de mierda los suelen tener los hombres, por no mencionar que es a ellos a quienes les ocurren los accidentes laborales más graves. Porsupollo, abordar esos tópicos desde una perspectiva en cambio masculinista (!?) no acreditaría la dicotomía de hombres verdugos y mujeres víctimas que se ha establecido como oficial en el discurso de género (sí, oficial, por lo que, vieja imbécil, ni te creas tan contestataria, que estudiando el sumidero de clichés de la progresía resulta que tu discursito feministoide es bastante trillado).

Lo que decía en las entradas pasadas sobre El Telégrafo lo reitero. Este periódico de especialmente público, poco: no veo una propuesta que le haga mucho honor a su tag-line ni que lo haga exceder frente a otros periódicos del país; noto que institucionalmente y en su contenido sigue siendo dependiente del oficialismo (que la Chárvez revise la definición del término en la RAE, la segunda); en fin, una estafa y una tomadura de pelo. Prefiero a la competencia, me quedo hasta con el diario  Últimas Noticias de Quito, diario que de hecho es más público que El Telégrafo (si hablamos de libre expresión de opiniones, participación ciudadana, variedad, inclusión y demás, lo es). Finalmente, y volviendo al problema del mal posicionamiento que veo en El Telégrafo, iba a decir que este diario me parecía un claro ejemplo de posicionamiento dudoso; pero pensándolo mejor, creo que el problema va más allá y que lo que significa es incluso más ofensivo para el lector: pues se trata de un posicionamiento no precisamente dudoso, sino mentiroso.

En cuanto a los 'telegrafitos', hasta asco me provocan sus pretensiones de creerse defensores e intérpretes de la ciudadanía (en especial de los de abajo); lo suficente sé de ciertos culterosos elitistas a quienes en el fondo les vale verga el lumpenproletariado, al que probablemente ni siquiera conocen, pero que sin embargo, como arribistas que son, de boca para afuera reivindican el atrasismo del populacho y hasta llegan a aupar a lo mersa, y solamente porque les es conveniente para escalar socialmente y ganar poder. Además, aparte de que la línea editorial del diario me parece ilícita considerando las funciones y objetivos que presume, a estas alturas es cansón ver a ciertos opinólogos como recurrentes en la sección de columnas (por no decir que un producto multi target debería manifestar mucha más versatilidad, digo yo).

Y no tan fuera de propósito, de lo que realmente quería hablar en esta entrada (la que veo se está extendiendo mucho) es de un par de visitas que han arribado a este blog googleando la combinación de palabras siguiente: lucrecia maldonado gorda horrorosa. Como eso solamente se le pudo ocurrir a alguien que buscaba lo que se ha escrito en este blog acerca de esa gorda, la referencia se encuentra en el mismo diario El Telégrafo, aquí; cito a continuación:


«A propósito de mis opiniones en este medio y en la red, el otro día un señor que debe ser muy guapo y esbelto, y que para variar no firma, dijo en un blog, a propósito de un tema muy largo de comentar aquí, que había buscado fotos mías en Internet y que yo ‘también’ era una ‘gordita horrorosa’. Bueno: gordita soy, qué vamos a hacer… Y horrorosa… depende, ¿no? Pero me hizo recordar una de las muchísimas tormentas de gota de agua orquestadas por los medios y la llamada opinión pública que hemos vivido en lo que va de este gobierno. Y pensé en que de repente también podía ponerme como un basilisco o una Magdalena, pedir refuerzos a todos mis amigos y conocidos y armar un escándalo de Dios es Padre por la opinión de un man, ahí, que seguramente no tiene en qué más ocupar su tiempo libre… pero no. Da pereza».

Antes que nada, casi que me congratulo por el par de personas seguidoras de sus artículos en El Telégrafo, ese "periódico que solo se puede leer en Internet", a las que les ha intrigado lo suficiente el origen de los comentarios sobre su adiposidad como para caer por aquí. 

Ahora sí, vamos punto a punto.

Primero, lo que tengo que decir en defensa del señor al que represento es que, en efecto, se trata de una persona esbelta: qué se le va a hacer, es un sujeto alto y delgado. Lo de guapo es algo que 'también' depende, pero les aseguro que el tipo cuenta con un porte tierno y que, quizás, es alhajito. Y con respecto a que no firma, bueno, como veo que cada quién se agarra de cada estupidez para usarlo como un certificado de no anonimato (para muchos es típicamente el nombre completo, pero, ponte, para los vlogueros del TuTubo se da en cambio por mostrar la cara en los videos, lo de soltar nombres allá se considera doc dropping, falta que es hasta motivo de expulsión), entonces yo voy a empezar a promulgar mis propios estándares sobre cómo hacerse cargo de lo que uno dice. Así va a ser de ahora en adelante. Por lo pronto, y en coherencia con la onda esotérica, me da la gana de certificar mi valentía publicando una foto Kirlian de uno de mis dedos, la que supuestamente demuestra que soy un pensador obsesivo de gran sensibilidad y de conciencia superior, ergo más bacán que la imagen de una gorda fea. Aquí va:

   

Ahora, pasando a donde está el queso...

Como que está un poco gastado eso de acusar a los medios de confabular siempre contra de los buenos de la película, ¿no? Es un formulaico ariete retórico al que apelan para desestimar cualquier crítica por más legítima que sea. Me aburre. Tampoco me apetece rumiar demasiado sobre lo que en efecto es una costumbre de los medios, eso de agarrarse de cualquier desliz de un personaje público para luego exacerbar el suceso hasta quemarlo. Lo que sí, no creo que peco de desubicado al apuntar que de hecho existe una espeluznante diferencia de grados en el caso que nos compete. Una cosa es que un mancito que "seguramente no tiene en qué más ocupar su tiempo libre" mencione que eres una gorda horrosa desde un blog, un blog que para colmo se trata apenas de un corto que, en medio de un largo de comunicación llamado Internet (el que de veras es verdaderamente público, por ahora), resulta insignificante (porque en el mejor de lo casos cuento con siete lectores fieles); pero otra cosa muy distinta es que todo un presidente de la República le lance un apelativo tan zonzo a una señora bajo las circunstancias ya conocidas (con chabacanería y manerismos de Walter Mercado, desde un programa radial emitido en cadena y en una situación en la que la otra parte no se podía defender). Que la conducta de un presidente de un país no sea la que se esperaría de un estadista en ese cargo no me parece un asunto tan banal como para ser ignorado por la prensa o la opinión pública, ni mucho menos con alegatos de que "da pereza" decir algo al respecto (una excusa bastante boba a decir verdad, incluso para el caso que me amerita).

En fin, a mí en cambio este asunto me hace recordar que una forma de lo más facilona para conseguir seguidores y ser tomado en cuenta consiste en actuar como un amargón escupidor de vejámenes baratos. Tal parece que se está volviendo una de las estrategias más frecuentes para captar al falluco mercado electoral (tanto el del mundo virtual como el de la vida real). Basta notar la audiencia que se han granjeado esperpentos como Chavez o ver la cantidad de gente que se escandaliza por los enardecidos petardeos de un Correa.

Bueno. Siéntanse libres de escudriñar la foto y de hacer el estudio de género correspondiente.

Chao.

Junio 26, 2009 | 1:04 am
heces de neutrino, TuTubo, IMDb, WTF!? ▌por quark schiz

Maldita sea, yo tampoco creo que en rigor exista eso de la libertad de expresión. Eso, ni aunque creas que estás en tu casa. Y es que definitivamente es algo jodido de asumir. Supone aceptar que otros van a permitirse herir tus sentimientos de vez en cuando. Pero bueno, me figuro uno no puede comerse el queique y metérselo por el culo a la vez.

Ahora, si vamos a jugar a que existe ese derecho, entonces es algo que no debería dejarse de ejercer. Es como un músculo: se atrofia si no se ejercita.

Por lo que ojo con los peros de los correctores de la expresión, los que a punta de una noción de respeto y de orden social, a veces malentendida, van a acabar desvirtuando ese derecho. Yo tiendo a desconfiar de quienes me trazan distinciones entre libertad y libertinaje en materia de expresión. Porque esas distinciones no suelen ser inocentes, casi siempre son ad hoc, y quienes se creen en posición de establecer esa frontera luego la van a querer mover a tenor de sus susceptibilidades e intereses.

Los hinchas de la corrección política que se amparan en la carta de Hitler para justificar la tipificación de delito para los discursos que inciten al odio o al desprecio en razón de estupideces, ya sea raza, etnia, religión o lo que sea, son unos reaccionarios. Primero, el derecho a la libre expresión abarca la difusión de opiniones desafortunadas y de verdades inconvenientes; por tanto cabe discernir entre un derecho y lo que te parezca que es derecho (como en lo que es justo, cierto, fundado). Segundo, que sepan que es una forma en extremo conservadora de manejar esos problemas; un parche en el mejor de los casos. Es de una ingenuidad pasmosa creer que con suprimir la diseminación del desprecio en la expresión se van a curar las aversiones en la sociedad, como si esas broncas se solucionaran con la censura. Al contrario, percebes biempensantes. Al privarle a la gente de lo único que podría servir como válvula de escape, puede que acaben fomentando exteriorizaciones de odio, ahí sí, bastante peligrosas. 

Por más que nos cueste admitirlo, la expresión que ofende es de lo más reivindicativo en el derecho a la libre expresión. Tal vez, y mira que digo tal vez, si no fastidias a nadie con lo que dices es porque no has dicho nada. 

Y el tópico de las formas es aún más manoseado. Pasa que quienes se quedan en las formas se pierden la gran película. Fíjate que ser grosero y pararse firme no son actitudes mutuamente excluyentes; la mala leche y la mordacidad pueden ser presentadas con inteligencia. Y asimismo, lo cortés no quita lo fachito ni lo malintencionado; vos puedes ser condescendiente con otros, arrogantemente, sin dejar de ser amable; le puedes decir harta grosería a un oponente pero de buen rollo; se puede ser elocuente hablando barbaridad y media... Y de pronto la canallez solapada es la peor.


Now this is what I call Anonymous.

Junio 10, 2009 | 10:15 pm
heces de neutrino, aceite de serpiente, banana ripáblic, Gente & blogs, IMDb ▌por quark schiz

Buenas, ¿cómo están? Soy yo otra vez, el dueño de este blog.

De la miel de maíz alta en levulosa hablaremos luego. Ahora quisiera, si no es mucha molestia, volver a panfletear un poquitín contra ciertos columnistas mediopelistas de El Telégrafo.

Antes de referirme a nuestro 'telegrafito' de ocasión, y a manera de exordio, quiero dejar en claro que, para mí, que el administrador de un blog tal y cual borre los comentarios de lectores adversarios, suprimiendo esas opiniones para que no se lean en las cajitas (sin otra mejor excusa), pues eso en mi llacta bloguera es puñetes. Eso no se hace, digo yo.

De ahí que me haya propuesto despotricar contra el panela Raúl Vallejo la otra ocasión. Lo único que hice fue enviar en una de sus cajitas un comentario crítico (pero respetuoso) en el que me refería justamente a la gazmoñería con la que vi que solapaba su transfuguismo de último minuto, comentario que el administrador debió haber aceptado responsablemente y en coherencia con lo que ellos, los de la "revolución ciudadana", tanto predican, pero que sin embargo no fue publicado (al revés de los comentarios de los aduladores). Como aquello era predecible me molesté en grabar mis palabras para luego emitir una versión de esas opiniones desde este blog. 

Que conste entonces que una de las cosas que me fascinan de estos personajillos que hacen de heraldos de la progresía es que acostumbren llenarse la boca con linduras como "democracia", "pluralidad", "diversidad", "tolerancia", "inclusión" y demás huevadas, mas cuando se les rasca un chance la piel, más claro, a la hora del te, delaten que sus verdaderos colores van en sentido contrario a esas poses. Me fascina, en serio, y me parece excelente, pues se ponen en evidencia. En el caso de Vallejo se me hizo reveladora su actitud, porque de veras que lo creía más honrado. Cuando el Guillermo Landázuri, que era el detestable dirigente de la ID, le pidió que se desafiliara del partido por colaborar como ministro en el gobierno de Palacio, Vallejo se negó con justa razón; que recientemente se haya desafiliado del partido en el que llevaba más de dieciocho años aduciendo una justificación aun más contraria a las tradiciones democráticas, deja tela sobre sus verdaderas motivaciones. (Y cierto, eso de la desafiliación no es lo único que me viene fastidiando del Vallejo, de este tipillo tengo otras observaciones que hacer, pero las he de compartir en otro post.)

Ahora..., ah, sí, sobre Lucrecia Maldonado, una de los telegrafitos.

El blog de la Lucre se llama Ganas de Hablar, ya. Hace pocos días esta fulana, quien por supuesto es una de las "groupies" de Correa, había dedicado en su blog una entrada en la que saludaba lameculistamente la agenda de los medios públicos y se refería a los detractores como unos amargones perdedores, desmereciendo las reprensiones de estos hacia Correa basándose ella en un vago tu quoque. Entonces me dió por hacer un experimento. Le mandé un comentario en la cajita de su blog haciendo algunas observaciones puntuales sobre lo que había escrito, y además, anticipando que no iba aceptar mi comentario, le advertí que de todos modos iba a responderle desde este blog. Pocas horas después, y como era de esperarse, la Lucre lo manejó borrando de su blog esa entrada.

Pos nada. Eso está mal y hay que joderse. Toca acudir al caché de Google para resucitar el texto que Lucrecia Maldonado quiso borrar. Lo que voy a hacer es volver a publicar esa entrada desde mi blog junto con mis comentarios al respecto (lo que constituye un uso justo de material ajeno, ojo). Eso y... perpetuar en su creciente biografía virtual las entradas de mi blog que mencionen su nombre. Es lo menos que puedo hacer.

 

 

Veamos...

"Prefiero escribir esto en mi blog, que es un espacio personal, y no en El Telégrafo, un periódico que solo se puede leer en Internet (aunque cada vez más gente se las arregla para poder leerlo)"

Chanfle. Y yo que pensaba que publicar un weblog propio es algo parecido a montar un espacio personal en un medio de difusión pública. Y es que como a los blogs sólo se los puede leer desde Internet, a estos espacios difícilmente se los puede considerar como un medio. Yo diría que los blogs son más bien un corto, mira.

En cuanto a El Telégrafo, pasa que es un diario con un consumo tan bajo que, y conforme a la admisión de la Lucre, si la gente que no cuenta con Internet lo lee es porque hasta lo distribuyen gratis. Es patético que un periódico que se dice ser un medio público se quede tan pero tan corto: y no sólo como medio masivo, sino también en sus pretensiones de ser público.

Con lo último quiero decir que El Telégrafo no está en posición de enarbolar la banderita de lo público. Para mí que es más lícito decir que se trata de un diario estatal, quizás hasta de un diario medio gobiernista (esto según lo que hasta de boca de una de las prostitutas estrella del gobierno ecuatoriano, el Fernando Bustamente, se ha sugerido).

Es medio confuso, cierto, pero me parece puntual hacer una distinción entre lo público y lo estatal. Para cranear esto sugiero que revisen lo que en un artículo de la revista Vistazo de hace meses explicaba Ana María Raad a propósito del tema. Según esta columnista lo público “está relacionado desde sus inicios con la idea de inclusión” y tiene como objetivo “garantizar la representatividad, ser pluralistas y permitir el acceso a recursos simbólicos”. Bien, pues frente a esos retos no veo que El Telégrafo ofrezca nada nuevo bajo el sol ni que avantaje mucho en variedad a los otros medios escritos. Tampoco ayuda que sea un periódico con un claro sesgo editorial afín al mercadeo y a la politiquería políticamente correcta de izquierda del actual gobierno.

Digo, si lo público está relacionado con esas linduras sonantes que van desde “inclusión”, “diversidad” o “multidimensionalidad” hasta eso de la “participación ciudadana”, entonces resulta irónico que diarios como El Comercio o El Hoy, ambos baluartes de la "prensa corrupta" según los correístas alelados,  procuren todo aquello en mayor medida que El Telégrafo. En el caso del diario El Comercio, tanto en la versión impresa como en la versión online los lectores tienen más chance de participar, ya sea enviando cartas o columnas de opinión para que sean publicadas, escribiendo en blogs asociados, comentando en los foros de opinión de las noticias, calificando las columnas de los articulistas, etc. El Telégrafo se maneja con cierto hermetismo y sin mucha apertura hacia los puntos de vista de los lectores, y francamente creo que ni aunque excediera en eso se acercaría cabalmente a cumplir con los objetivos de lo público en un medio escrito. Objetivos que no creo que tengan que ver precisamente con ser un “contrapoder fáctico”, que es cómo Carol Murillo, la subdirectora editorial de ese diario, describe a El Telégrafo. Perdónenme, pero no veo por qué un diario que se arrogue la denominación de  público deba servir para volverse un vocero del oficialismo además de contreras de los medios tradicionales.  

Finalmente, en cuanto a Lucrecia Maldonado, revisando algunas fotos suyas difundidas por Internet, veo que sin lugar a dudas se trata de una gorda horrorosa. Este calificativo, por si acaso, lo pongo secamente, sin hiel pero tampoco dando lugar a connotaciones picarescas, connotaciones con las que en cambio sí se podría excusar en algo la “supuesta” (es notable la aura de objetividad que le abona a esta señora el uso de ese adjetivo, hasta parecería que estitos están aprendiendo los vicios de la competencia) grosería de Correa a cierta periodista cuencana.

Mayo 30, 2009 | 1:24 pm
guadever, heces de neutrino, banana ripáblic, Gente & blogs ▌por quark schiz

 

Mira, lo que espero como inevitable consecuencia de adoptar pendejamente un "Estado de derechos" en un país como el nuestro, en la situación tercermundista en la que estamos, es que va a haber un desfase grave entre nuestro nivel de productividad y el pedazo de cielo azúl que se nos promete constitucionalmente.  

Buenas reformas aplicadas a sectores clave, como es el de la educación, bien podrían suponer un paso adelante; pero como ya sabes, no me como el cuento de quienes, presa de un voluntarismo bienintencionado, ponen tanta fe en las reformas sugeridas por la nueva Constitución, las cuales los politiqueros las presentan como panacea. Raúl Vallejo, el ministro de Educación, es por supuesto uno de esos entusiastas alumbrados (¡es que el ve más allá de "la pragmática del mercado"!, así que cuidado, que se me corre el rímel). 

Acabo de ver a Vallejo voceando para animar, cual estrella de rock, a la marcha convocada por Correa en Guayaquil para ratificar las evaluaciones docentes. La gente celebra la propuesta.

Así que ahora dizque una revolución educativa se nos viene. Una educación de calidad nos auspicia el ministro. Que es nuestro derecho. El Buen Saber. O "Sumak Weissass", creo que le llaman.

Educación. Bueno, creo yo que una de las razones por la que estamos como estamos es porque nos hemos estancado en una suerte de mediocridad autocomplaciente. Creer saber no es peor que no saber por el simple hecho de que casi siempre no hay pendejo que no sepa ni cace un huevo que no crea saber. (Eso hasta el cienciólogo Tomás Crucero lo sabe.) Se llama efecto Dunning-Kruger. Supuestamente se cura matando la ignorancia.

Pero, ¿basta con eso? En primer lugar, y siguiendo lo que ya medio comenté antes, nos meten el dedo con el uso que le dan al termino "derechos". A mí ni siquiera me gusta eso del "derecho a una educación de calidad para todos". No me cuadra y francamente me da hasta vergüenza. Porque eso suena como si la buena educación fuese simplemente un bien externo que nos corresponde reclamar independientemente de lo que hagamos a cambio. 

No, no estoy de acuerdo. Eso nos resta responsabilidad personal. A lo que uno tiene derecho es a educarse, no a una buena educación. Porque me parece patéticamente obvio que la buena educación también depende de uno mismo: del ñeque que se le ponga y del talento propio. Puedes contar con estupendos recursos a la mano y disponer de profesores competentes; pero si no estás motivado, si no te interesa ni valoras lo que estudias, si tú mismo no explotas lo suficiente las fuentes o si, más claro, tu mate no promete mucho..., pos no va a servir demasiado que recibas una "educación de calidad", como que no vas a desarrollar tus facultades de forma muy satisfactoria. Personalmente no creo que con acumular nociones, datos y experiencia baste, no como para contrabalancear la muy probable ausencia de talante y de buena inteligencia. A veces no se nace para no ser un mediocre más.

Y se pone peor si tomas en cuenta que mientras la ignorancia es curable la estupidez no lo es. Es un rasgo casi palindrómico en quienes natura no mismo da. Varguitas Llosa Júnior y Montaner aciertan cuando dicen que la idiotez en pueblos de mierda no tiene cura. Es más, quizás los idiotas ilustrados son tanto peores que los idiotas ignorantes.

La cosa es que existe una nada despreciable cantidad de gente relativamente idiota que se ha vuelto casi representativa del pensar en este país. Ellos no son salvables.

 

Así que no me siento optimista.

Mayo 26, 2009 | 4:15 am
guadever, heces de neutrino, Gente & blogs, WTF!? ▌por quark schiz

Andrés López. Ese colombiano que se hace el chistorete.

 

Digo, si este sujeto, quien reportadamente califica como candidato a Mensa, es alguien de lo más inteligente, pues viene haciendo un excelente trabajo en ocultar su brillantez. Porque no me creo que una persona de cerebro privilegiado balbucearía tantas huevadas.

A menos que..., no sé, este percebe se haya estado metiendo con una secta religiosa ufológica cuya  reputación en echar a perder mentes es de sobra conocida. O sea, lo digo porque en lo referente a eso que él llama Cienciología, el término brainwashing se queda corto... La verdad es que lo acertado sería hablar de mindfucking, un arte que ellos casi que han perfeccionado.

O no sé. Pero lo cierto es que prefiero mucho el gremio de los esperpentos kitsch, aun en sus intentonas de no valer tanta verga, al de los famosillos con delirios de grandeza tirados a gurúes, sobrevaluados por la provinciana opinión pública, y a quienes, de pronto, se los califica como presidenciables por arrogantes periodistas veleidosos. La vida me ha enseñado que los primeros prometen menos peligrosidad, naúseas y miseria humana.   

Como sea, voy a conversar seriamente con mi staff sobre esto. Se me ocurre que podríamos hacer un pequeño experimento (uno de mis).

 

4 da LULZ!