«Cuando la víctima eres tú, el asunto se pone en blanco y negro; cuando tú eres el agresor, hay millones de zonas grises»
Laura Schlessinger
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El gris: ni blanco ni negro, sino todo lo contrario.
Las gamas de grises abarcan casi toda la serie acromática, es decir, que en rigor a los grises no se los puede considerar realmente como colores, pues se hallan entre los extremos de blanco y negro constituyendo mezclas proporcionales, pudiendo ser blancos de menor intensidad luminosa o negros de mayor intensidad luminosa.
Se dice que un color es complemento de otro si producen grises al combinarse. Pues cuando el gris se combina con gris... produce gris, ergo el gris es su propio complementario, el único que tiene un complemento en sí mismo. Asimismo, aunque al gris se lo invierta gris se queda, siendo el mismo gris su propio opuesto.
Psicológicamente está asociado con estar a mitad de un camino, entre ceja y ceja, en medio de la nada, a al deriva… Es el color de lo incierto, de la transición, de lo neutro, de la duda..., de la mediocridad.
Es difícil concebir cuánta grisicitud existe en el mundo. Es que el gris está en todo: en todo hallamos grises. Porque son los grises los que le dan soporte y modulación a los tintes cromáticos. Sin el gris no hay color. En serio, y si no me cree, pruebe con la ilusión óptica de John Sadowski colgada a continuación. Al fijar la vista en el punto negro, pausando los movimientos sacádicos de sus ojos, podrá ver una foto en escala de grises completamente a color.

También se puede decir que los colores primarios son constituyentes del gris. La mezcla según el modelo RGB es de un 30% de rojo, 59% de verde y 11% de azul. Para obtener grises necesitas combinar esos colores y modularlos con un multiplicador.

Ejem, ejem… Las rosas son rojas; las violetas son azules…; y las plantas son verdes. Oh, cómo no te he extrañado.
Bueno, no todas las rosas son rojas, algunas son rosadas. ¿Y qué, es tan malo generalizar? No veo por qué, si las características que describo se aplican al subconjunto al que quiero referirme. Las cosas no siempre son todo o nada, blanco o negro, pues fíjense que ¡existen tonos grises! Ay, el péndulo, acuérdense que Ayn Rand odiaba eso, ella decía que quienes se jactaban de ser moralmente grises en realidad se creían más blancos que el resto por ser relativistas. Ah, el relativismo, aquella eterna noche en la que todos los gatos son pardos (claro que unos un poco más que otros). Ja, como sea, los gatos perciben el rojo como gris.
El punto es que hay variedades de violetas que son azules. Puro azul se aprecia durante el día ante una atmósfera despejada. En un atardecer nublado vuelta el cielo se oscurece, ¡qué melancólico! (Si las nubes se grisean, más me vale no estar a la intemperie cuando esos riñones vaporosos hagan llover cántaros de agua.) Últimamente Quito anda apesadumbrado en las madrugadas y por las mañanas, y en las tardes por supuesto. En las noches también. Sobre eso mi papá opina que hoy en día los jóvenes somos descreídos porque el exceso de luz artificial en las urbes ha estropeado el otrora notable contraste nocturno, privándonos del espectáculo estelar.
Pero las plantitas sí son verdes, todas, más claro, su clorofila. Y mientras tanto los ambientalistas tachan despectivamente de grises a ciertos tecnócratas por su cuadrada preferencia hacia las estructuras de granito, brea y concreto, además de por procurar altos niveles de esmog industrial y de desechos con mercurio que polucionan el aire de las ciudades y envenenan las aguas. Vaya con esa contaminación, que ataca el sistema nervioso de los críos restándoles luego puntaje a sus coeficientes intelectuales.
¿Qué otras cosas son grises, además de la pena y Quito? Oh, bueno… la Luna lo es, descolorida y sin vida, superficie desértica baleada de cráteres, pura roca y polvo. A la plata, metal precioso, se les puede sacar lustre y fulgor; además, como no se devalúa, bien nos serviría como refugio económico para los tiempos de miseria que se avecinan. Las canas son sinónimo de sapiencia en los más vetustos (hasta el momento en que se ponen a abrir la boca, ahí se ve notando que la “materia gris” ya no rinde como antes). Las sensaciones de grises otorgan a una composición fotográfica una amplia ductilidad, aliminando así las inconvenientes disonancias cromáticas de las fotos a colores. Ah, y me olvidaba de esos lobos grises (Canis lupus); son fieros, fuertes y resisten mucho. Por ello a Atatürk Kemal, el dictador más amado de Turquía, le apodaban “el lobo gris”.
Quizás el gris es aburrido. Yo, regularmente soy gris, pero no por ausencia de singularidad en mi persona regular, sino por carecer de colores agraciantes.
Imágenes:
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