Noviembre 5, 2009 | 2:05 pm
Käsekuchen ▌por Capt. Trois LeChez
The Käsekuchen Journal. Vol, XVII. September, 2009


 
Mi "amigo" Pepe Roble es un imbécil consumado. Tiene una capacidad elevada para pintar; es capaz de hacer retratos bastante buenos, y ha logrado mantenerse solvente económicamente a pesar de ser poco productivo, tras casi cinco décadas de fastidiar la vida a todo el mundo que no puede pintar tan bien como él. Pero si te lo presento hoy mismo, dirás que es un tipazo. Es que verás, Pepe sufre el "Síndrome de la Angustia Fálica", o "Glans-Brain Malfunction Disease".

"He pintado con Goyo Fonseca y con Héctor Raboduro", comenta, orgulloso de su historial de pintores ahora reconocidos entre aspirantes a pintores que tratan de salir adelante mediante la asistencia compulsiva a galerías mediocres que resaltan por su efectivismo vacío.  "Bouguereau y Mucha se me quedan cortos. A mí es que me sale igualito pero igualito, sólo que mejor".

Cuando conocí a José Roble, guarandeño, de un metro setenta de estatura y el rostro de una Elizabeth Taylor sin maquillaje, pensé también que su talento para la pintura debía significar, ipso facto, que era un sujeto sagaz, sensato y sensible. Como son los artistas, ¿no? Se supone que si uno ha llegado a un buen nivel plástico, ha sido gracias a un proceso de observación aguda de la realidad y lo metafísico que podemos abstraer de ella. Pepe me invitó a mirar sus cuadros: retratos que a primera vista hacen pensar que estamos frente a uno de esos prosaicos ermitaños que han entendido la insignificancia del reconocimiento y la alcurnia. Que han escupido el circenses y han abrazado sólo el arte, en un matrimonio que a Nietszche le hubiera hecho vomitar judías. Pero se respeta, hombre, supuestamente era lo que yo quería ser cuando tenía unos 15 y era iluso, estúpido y quería formar parte de una secta católica derechista.

"Pepe", como exigía que se lo llame (por cuestiones de mantener la frescura y la candidez en su trato con gente veinte años menores que él), nos recibió a cuatro de nosotros, practicantes de caricatura amateur, que soñábamos con reemplazar a Bonil, Pancho y otros, en la estelaridad de la crítica de viñetas. "Stornaiolo es demasiado predecible. Se mueve a 4/4. Yo soy jazz, soy polifonía". Lo cierto es que Roble tenía esa capacidad que pocos tienen de hacerme dudar de mi defensa constante del vanidoso. Es decir, yo, como el primero de los vanidosos, comprendo que alguien quiera zafarse de sus frustraciones como creativo al joder a los principiantes y reafirmar su progreso. Pero su insistencia en dejar claro que era capaz de hacer maravillas sin la menor práctica (decía haber topado el lápiz apenas a los 25, dato que su hermana René, la del hijo retardado, no supo coincidir en conversaciones apartadas), le hacía ver como un completo charlatán. 

Y lo era. En realidad, para un cojudo descriteriado, mirar los mismos cinco retratos bien logrados de Pepe era el paraíso, como acostarse fúricamente con la boba esa ¿Isabella? que se pasea con Elhers Jr. y muestra el abdomen cada dos tomas de un pueblerino inocentón (atiende, creo, en el bar sushi shithole "Noé", como hostess. Pa' que vean que yo cuento la plena). Para mí, tras la tercera pasada consecutiva de su mismo estilo imitativo hasta el fastidio, era como mamarse los programas oligofrénicos de esos politécnicos en el canal del Estado (un día me topé con una de las presentadoras y mientras me amarraba los cordones de las botas y le veía hablar de "lo difícil que es producir un show" me di cuenta de que por culpa de pendejas como ella, yo nunca podré tener mi anhelado show radial de variedades [diferenciables]).
 
 
 
Lo particular de Pepe es que se cagaba en mi criterio prejuicioso del artista "de las tres eses". Ahora ya no respetaba a ningún miembro de ningún gremio hasta que no me demostrara que tiene sentido darle un apretón de manos con consideración intelectual genuina. Y principalmente, me recuerda hasta ahora la enorme pereza que me suele dar tener que explicarle al animal de turno la cantidad de pasos necesarios para que se dé cuenta de las estupideces que habla. El daño, empero, radica en que esa consuetudinaria laxitud social termina dejándome ver las huevas por cada tipejo/a, quien, con mi silencio, asumen una victoria "por falta de argumentos", en una representación lustrosa del insufrible ababol que considera que en las peroratas o sermones, radica la esencia de "estar en lo cierto". La otra opción sería darme de puñetes, pero, so pena de aparecer como un marica -ni modo, tal vez soy un cobarde y por eso tanto odio reprimido, whatever works for you-, en realidad quisiera conservar mis manos para ser el John Mayer cholo, sueño que está en el top five de mi lista.
 
Y así como Pepe Roble, parece que hay una cantidad insoportable de tirados a gurús por el hecho de haberse auto-amaestrado (la forma más vil de ser un ordinario hijo de puta) en alguna arte o monería socialmente bien vista, pero tan ensayada y fatua como los recursos estéticos de un joyero/tatuador 'fagotero' de La Mariscal, que creen que en sus letanías egocéntricas (que poco tienen que ver con el egocentrismo y la vanidad bien construídas que tanto promulgo) se manifiesta también alguna esencia fundamental que los hace incorregibles, hasta el punto de caer en disparates tan vergonzosos como el de ponerse a discutir, cual estupendos orates, en un idioma que no entienden, con gente que claramente es más inteligente...
 
La alusión es a Carlos Swett Salas, incansable pendejo que, a nombre del Ecuador (que suficiente tiene con ser un país con un nombre ridículo), armó un relajo virtual entre trollesco y bluper de la SINAMUNE like, que francamente me hizo arrepentir de entender bien el inglés y haber comprendido la raíz de tanta brutalidad escupida por este tuberculoso mental. Como decía un bloggero guayaco, en tiempos en los que decirlo era de buen gusto, "daban ganas de cortarse la verga y darla de comida a los hinchas de la LDU".
 
 
[Carlos Swett Salas, ¿acaso un artista con, oh, tan nobles sentimientos? Más bien un zopenco aquejado de una patológica caradurez criolla. En la ecuablogósfera se lo conoce por su persistencia en lanzar acusaciones fuera de propósito (como lo pueden constatar aquí o aquí). Hace varios años quiso representar al pabellón nacional en un mousefight contra James Randi y sus colegas en el que debe ser uno de los atrevimientos más sonrojantes y penosos que se han dado de parte de un imbécil en pos del millón de dólares de la JREF. -- quark schiz]
 
Mi fastidio debe ser el análogo a lo que Lennon cantaba con sentarse en una hojuela de maiz. Pero largándose a uno de esos países con IQ promedio superior a 110 y servicios higiénicos gratuitos y, go figure... higiénicos. De esos donde la palabra "mercado" es sinónimo de "gente produciendo", y no hace falta tener que dar de culazos al teclado para producir textos que dizque ilustran sobre la importancia de reconocer el lado "social" de la economía, en particular, sobre la panacea que esto significaría para el pensamiento político (¡tan progre él!) latinoamericano. O para el pensamiento de vanguardia que trata de reinvindicar el rol del intestino grueso en la escritura de columnas de opinión, modelo obtuso que tiene a Mateo Martínez Abarca como abanderado mimado: basta leer su artículo sobre el derecho al placer sexual de las mujeres para preferir besar las gomas de un trailer en movimiento antes que soportar la embestida de su "caravana de la cojudez, una columna de caca a la vez"...
 
(Ese fue mi yo coplero, que nunca fue capaz de vender sus limericks a una revista por eso de no ser tan guapo como Carlos Vera. Gracias. Aplausos. Telón. Vuelve a subir, Manitas de Jazz. Telón.)
 
 
Agosto 4, 2009 | 12:20 am
Käsekuchen ▌por Capt. Trois LeChez

Estimado lector: 

Aquí, en los recientemente inagurados Laboratorios Käsekuchen, trabajamos a diario para brindar a sus hogares los más avanzados descubrimientos en temas de naturaleza física, realidad humana y metafísica suspicaz. Desde nuestras oficinas en Cheeto, Equarkdor, nos esforzamos con la sola meta de hacer a su vida más rica, láctica, nutritiva y satisfactoria mediante nuestro novedoso sistema Learn by the numbers. Esperamos que su suscripción a "Käsekuchen Journal of Wakethefuckup and Whatnot" sea de lo más educativa y, all-in-all, arrecha. RAmén.

Sinceramente,

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Capt. Trois LeChez
POEE Legionnaire Deacon, 5th Level Social Pariah,
Pontificia Iglesia Pastafariana Politécnica Central del Ecuador.
Käsekuchen Labs. Inc.

 

 

 

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Cuerdas Nappi-Witten y la Naturaleza del Fagoterismo

Cheedar Tenia, Mozarella Fecundio
Universidad San Ranciesco Moquito

 

Existe un delicado y bello balance en las hebras químicas que sostienen el constructo genético del ser humano. La selección natural, hija predilecta de la evolución, ha procesado durante miles de generaciones a la especie humana hasta llevarla al glorioso paso de la expansión autosustentada e intencional de la inteligencia.

Por supuesto, existen ciertas imperfecciones locales a un proceso a todas luces, perspicaz y efectivo, cuando se lo analiza quisquillosamente (y para eso estamos). Por ejemplo, el cuerpo humano sigue sin ser lo suficientemente organizado como para separar su sistema reproductor del excretor, o el respiratorio del digestivo; pero en general, la astucia y necesidad de supervivencia impresa naturalmente en la voluntad humana le ha permitido sortear esos obstáculos.

De vez en cuando, empero, ciertas tonterías se abren paso en la naturaleza. Más aún con el advenimiento presente del sustento excesivo de las pulsiones humanas, eliminando al trabajo de la ecuación de la vida de muchos hombres. Verán, uno de los pilares de las sociedades basadas en los ideales del progreso es la noción fundamental de que deben existir recompensas planificadas para sus miembros más exitosos, y también ostracismo y castigo para sus miembros ociosos e inútiles.

 Fútbol para retardados: la especialidad del Ecuador

Una de las razones fundamentales de este cambio nocivo en un proceso otrora dominado por el pragmatismo masculino y falocéntrico del progreso, es la estúpida idea de que, más allá de disquisiciones vagas de cocina, existe objetivamente algo así como la "igualdad". Desde que las consignas políticas, económicas y sociales se han abanderado de semejante objetivo, no obstante el paso intermedio de permitir que algunos sectores productivos se hagan de un poder en manos incompetentes (se puede argumentar si convencer al idiota del pueblo que obtendrá algo a cambio no tiene un efecto 'backfire' medio cojudo después), ha ingresado al imaginario colectivo de la plebe mediocre un nuevo amigo redentor, aquel que promete una susodicha "felicidad", de manera inmediata y, si bien ellos no lo ven, basada en una enorme y putísima mentira: la del fagocentrismo.

 

El Ché, con la última Coca Cola del desierto, antes de implantar la ansiada igualdad cubana

El fagocentrismo es la sociedad de un fago, un personaje cobarde y propenso a ocultar sus inseguridades en constructos sociales de origen económico (e.g., ser una estrella de rock, un diseñador gráfico del hijue-putas, un acaudalado reggaetonero tuning, una escandalosa puta de centro comercial, un pokemon chileno, un revolucionario latino del siglo veintiuno, o de plano un "buen cristiano y ciudadano"). En la sociedad fagocentrista los valores humanos se circunscriben a la sugestión de una felicidad relativa al concepto de igualdad: o soy igual a mis hermanos [inserte aquí subcultura urbana de mierda], o vivo acomplejado por ser un completo 'tard' y trato por todos los medios de establecer un status quo que pueda acomodarme

 

 Juventud acomodada en espera de la bota justiciera de la enfermedad viral

Un ejemplo sensato de una sociedad vertical y meritocrática son nuestros loables amigos los piratas: En la medida en la que se mantuviera la verticalidad y los ideales para mantener vivo al trabajo se basaran en el botín, el pillaje y el uso y desuso de todo ser con útero, existía bonanza. En el momento en que el primer imbécil del barco empezaba a hablar de "igualdad y fraternidad", era enviado a dormir con los tiburones. Presto. Más allá de las complicaciones higiénicas y académicas (que por cuestiones de salvaguardar la infalibilidad fálica de rigor no mencionaremos, con cierto rubor), esto sirve de maravilla para imaginarse la misma verticalidad basada en la capacidad de los seres para crear, producir, inventar y someterse al juicio implacable de sus pares y al castigo soberbio de sus superiores. Goddammit, I want that shit!
 
 

 De acuerdo, hasta el concepto de pirata puede volverse una porquería nancy-fartsy

Pero no. Mientras tengamos al humano fecal de costumbre produciendo mierda y siendo felicitado por "su manera de ser especial" (o vaginalidades como "respetar a todos por igual", "ser sobretodo humilde y PERSONA", o, mi favorita, "porque todos cometemos errores" [cuánta caca embotellada y mañosa, ¡pardiez!]), tendremos que mamarnos a habitantes del inframundo como Fabiano "Cambio nalga por fama" Kueva deambulando en las mismas calles donde nuestros niños superdotados aprenden a interpretar instrumentos, a burlarse de los adultos, a abrir Mis tres coñazos de quanta para enterarse de las barbaridades que alguna gorda fea escribe en El Telégrafo, y a leer el útimo artículo del Journal of Oil Tycoon Jesus and his Bitches (otra maravilla de Laboratorios Käsekuchen).

 

 

 La oveja es la vejada esposa de Jesucristo, víctima de los excesos del Texas petrolero