«Mariposas mártires, incluso Dedé, pues su martirio fue vivir sin sus hermanas. Sobrevivir para contar la historia de ellas y hacer de su recuerdo el museo de una pena. Estas mujeres que murieron luchando contra la tiranía de un dictador son hoy símbolo de todas las mujeres agredidas, torturadas, humilladas, asesinadas. En memoria de las Mariposas cada 25 de noviembre se conmemora el día de la no violencia contra la mujer.»
No. Esas mujeres que, en efecto, murieron luchando contra la tiranía de un dictador, se han convertido, pero por causa de cierto colectivismo ginocentrista, en un emblema del parasitismo mujeril: porque lo que debería representar este día es la quintaesencia del uso desubicado e hipócritamente sexista de "la mujer" como excusa para poner de relieve perspectivas de género (las que según el establishement guardan exclusividad para las mujeres) en asuntos groseramente dispares, en detrimento de los méritos, logros y excelencias de quienes hicieron mucho más que atesorar una vagina. Está claro que gracias a la propaganda barata de tipejas como la Silvia, la condición de mujer se ha convertido en un complemento sustitutivo de las obras y cualidades medulares de mujeres excepcionales. En el caso de las hermanas Mirabal este bodrio de conmemoración desmerece la verdadera causa de estas mujeres: a ellas no las mataron por su condición de mujeres, sino por ser antitrujillistas recalcitrantes, por lo que usar sus muertes como excusa para celebrar el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer es hasta insultante para con los miles de muertos y desaparecidos que hubieron durante la dictadura del Chivo Trujillo (víctimas de las cuales, te apuesto, fueron en su mayoría hombres, ya que, en contra de lo que la sociobiología manda, ciertamente resultan excepcionales los casos de mujeres que desafían con reincidencia a un mandamás de ese calibre); siendo así, entonces hubiese sido mucho más lícito, y desde luego menos discriminatorio (contra los hombres pero), haber fundado en memoria de la lucha de las hermanas Mirabal el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra los Contradictores de Megalómanos en el Poder. Pero por supuesto aquella es una causa con la que simpatizantes de nuestra criolla politiquería autoritaria, como lo es esta Silvia Buendía, no andan comulgando con la suficiente profusión últimamente; a decir verdad, ni ella ni los demás pelotilleros del régimen que escriben para El Telégrafo, quienes más bien se pierden escribiendo en favor de causas cojudas, las que ni siquiera son compatibles con la izquierda dura que algunos de estos cagatintas pretenden adoptar. Tal es el caso de Mateo Martinez Abarca, ideólogo atrasista posmoderno y escoria representativa de las costumbres meretrices de la intelectualidad ecuatoriana; mientras en Colombia eran perseguidos y asesinados los sindicalistas (de nuevo, en su mayoría hombres), él se dedicaba a regurgitar parrafetes refiriéndose al placer sexual de las mujeres como un derecho vedado por los hombres, una cojudez evidente para cualquiera con dos dedos de frente; e incluso más para un avezado marxista de a de veras: porque, digo, un marxista ortodoxo añadaría que la preferencia de ese payaso por la farandulería, así como su falta de preocupaciones proletarias de relevancia, es consecuencia de su condición de estúpido pequeño burgues, condición de clase que le permite proclamar una causa supuestamente de izquierda (el feminismo nuevaerista) en artículos cursis a modo de fachada para encubrir sus verdaderas pretensiones, las cuales son tan mundanas que su vulgaridad resulta fácilmente deducible a partir de esa gansada de andar adulando a las clitoritas (babosada trillada e ingenua disfrazada de buenos modales que aquel necio comparte con otritos de dudosa reputación e intenciones).
Con Iván Sierra, el "vendedor de sueños", supongo que vamos mejorando, un poco. Esta vez escribió una columna con un contenido potable y además sin hacer el imbécil con esas horrendas arrobas en la expresión de géneros. Tal vez su cambio de estilo tuvo que ver, quisiera creer, con un comentario que quise poner en una cajita de su blog, el cual predeciblemente no aceptó publicar (aunque veo que al menos se molestó en revisar el enlace que puse a la entrada que colgué hace unas semanas).
More to the point...
Más allá de la ofrenda al mal gusto que es la inclusión de un símbolo tipográfico con ausencia de correspondencia fónica en el lenguaje y de lo extremadamente desubicado que resulta su uso para indicar ambos géneros (porque el azulito con el que el programa procesador de textos te pinta las palabras "arrobadas" es para resaltar una dirección de correo electrónico y no tu cojudez gregaria), hay otra razón puntual por la que me molesta mucho el uso de las arrobas, así como cualquier otra recomendación zonza y redundante para el "uso no sexista del lenguaje". Es precisamente la estúpida presuposición de que el lenguaje es sexista.
Es que en esta contemporaneidad los lobbies vaginales nos vienen inculcando con particular profusión aquel paradigma maniqueo de hombres verdugos y mujeres oprimidas, presea estrella de lo políticamente correcto que sirve como excusa para alegar machismo indiscrimadamente en casi cualquier ámbito, como en esa paparruchada de decir que los plurales omnicomprensivos responden no a una mera convención del lenguaje sino a una traza de los hombres para silenciar lo femenino.
Ese análisis obtuso y conspiranoico convenientemente ignora las raíces de los hábitos del lenguaje, además del hecho de que existen lenguas en las que en cambio se favorece al femenino: lenguas como el alemán. En el alemán existen tres géneros: masculino, femenino y neutro, de los que se deducen respectivamente los tres artículos: der, die y das; pues bien, el artículo determinado del plural, en los casos nominativo y acusativo, es siempre die, igual que el femenino en singular (por ejemplo, die Frau es "la mujer" y der Mann es "el varón", pero para decir lo equivalente a "los varones" se dice die Männer); el pronombre de tercera persona singular femenino (sie, "ella" en español) es el mismo que sirve para designar la tercera persona plural, ya sea masculino o femenino, "ellas" o "ellos"; es más, Sie (con mayúscula capital) se usa hasta como pronombre formal para referirse a "usted" o "ustedes". La diferenciación de género y número en tales sustantivos se da por el contexto y por la terminación de los verbos. Entonces, siguiendo el razonamiento de sociólogas como la Erika Sylva Charvet, quien asegura que nada consagra con mayor crudeza estas supremacías de género que el lenguaje, ¿será que lo alemán es hembrista pues?; si el lenguaje es una expresión y a la vez un creador de la realidad, ¿significa acaso que el nazismo alemán fue un producto del matriarcado lingüístico? ¿Por qué nunca he escuchado a ningún asno pedir que se reforme la lengua alemana en favor de la equidad de género que tan de moda está? (Quizás porque la cursilería de género en los hombres no se expresa llegando a esos extremos de forzado kitschismo peripatético.)
Sin embargo, probablemente nada de esto que digo serviría para esclarecerle la cabecita a una de estas articulistas con mirada aparentemente profunda. Una seudointelectual feminista me respondería que el alemán es no obstante discriminatorio contra la mujer porque..., se me ocurre, aunque no se oculta lo femenino, ¡se lo banaliza!; que se desvirtúa su representatividad al hacer extensivo su uso para cualquier plural, monotonizándolo, neutralizando la diferenciación especializada y seductora de lo femenino... O algo así. Lo digo porque el análisis feminista no es inocente, es ad hoc, y parte siempre desde ese concepto berreado hasta la saciedad de que la mujer es la víctima por excelencia; así es facilito construir cualquier cosa, cualquiera, como imputable al machismo... How convenient.
En fin. La inclusión de arrobas como práctica dizque contra el sexismo del lenguaje es una moda, entre tantas otras afines a la ideología del "generismo", que demuestra lo lejos que ha llegado esta vaca sagrada. Las consecuencias resultan nefastas para la sociedad, pues con el pretexto de hacernos tan iguales como sea posible, pretensión perfeccionista ilusa e ingenua (y eso por no mencionar la carga de impostura que implica, porque a ningún grupo particularista le interesa ni le conviene la igualdad real), se pasan sin chistar políticas de acciones afirmativas de lo más descabelladas que acaban pecando de lo mismo que dicen combatir.
La heroica Esther Vilar explicándole pacientemente a una schwachsinnige und hässliche Frau tirada a sabida (desde luego un ícono del feminismo contemporáneo) los hechos sobre la longevidad de las mujeres con respecto a los varones.
En este blog me desquito por las recurrentes cojudeces que me amargan la vida.
Es verdad que los recalcitrantes rescatadores de pueblos me cargan con sus fullerías socialistoides. Pero no es menos cierto que los anarcocapitalistas en cambio me cagan con pretensiones que me recuerdan a lo peor del utopismo de los comunistas. Para mí no hay dictomía entre el Estado y el mercado. Creo que los Estados, en principio, responden a las necesidades del mercado.
Es muy simple. El mercado, que está compuesto personas, más que parecerse a una gran conversación, es como un torneo, o una gran merienda de negros. Son las masas las que escogen otorgarle poder a un consejo de sabios representantes porque demandan seguridad, protección, liderazgo, orden, estandarización, privilegios, defensa de particularismos gremiales y what not en la sociedad, sin importar si a cambio tengan que sacrificar parte de sus libertades o pagar impuestos. Tenemos un Estado porque existe un acuerdo en que debe haber uno. Y si bien el Estado no es el supremo creador de los mercados, sí podría servir para rentabilizar ciertas actividades comerciales, así que no entiendo por qué el Estado ha de ser obligadamente un enemigo de la empresa privada, como tampoco veo una contradicción entre la regulación del poder y el minarquismo. Lo que sí entiendo es que para postular la abolición del Estado se requiere una sociedad de ideólogos (communist much?).
Cierto, algunos de esos prestidigitadores dizque progresistas, haciéndose los inmaculados, insisten en que juegan fuera de las reglas del mercado. Como si la raíz de sus propuestas estatistas se apartaran de la competencia entre participantes o de la exaltación del consumo. Todo lo contrario, maldita sea. Si los que triunfan en el mercado son quienes conquistan a una gran mayoría. En el caso particular de estos emprendedores políticos, históricamente los parásitos de las sociedades, ganan quienes se hacen querer demagógicamente por la gran mayoría, de pendejos casi siempre. No seamos ingenuos entonces, que del mercado no nos va a librar ni Su Fideeza.
El hombre nunca se conforma. Tenemos necesidades virtualmente infinitas cuya satisfacción la buscamos en otros ofertantes a quienes damos lo que sea a cambio. Y digo lo que sea, porque para que estas necesidades sean adquisitivas en una transacción no necesariamente deben estar respaldadas por bienes materiales o medios monetarios, ni siquiera por fuerza de trabajo. Yo diría que, a diferencia de lo que comúnmente se cree, hasta los despojos humanos más miserables del lumpemproletariado son parte del mercado. Creo que fue la célebre gurú Alissa Zinovievna Rosenbaum quien despectivamente se refería a aquellos que presumen de sus heridas o desgracias, provocando lástima apropositamente, como gente que en rigor no tiene nada que ofrecer. Yo discrepo. Aunque a esos pobres infelices no le quede otra que usar su miseria como cebo para captar las fibras sensibles de los pudientes, es evidente que esa retribución psicológica que causan en otros es un incentivo poderoso para motivar diversas expresiones de solidaridad, así sean estúpidas, conservadoras o inanes como en el caso de la caridad. Y es que qué se le va a hacer, existe una demanda socialmente rentable por darse de "buen samaritano".
Lo bueno es que de vez en cuando nos topamos con mamíferos refrescantes como Risto Mejide, quien además de ser aquel capo de la mercadotecnia que hizo de jurado chulo en 'Operación Triunfo', es un activista con una visión del humanitarismo menos cojuda de la habitual. La agresiva campaña de esos videos me hace pensar, en serio. Pensar, que para que la gente se conmueva, y se mueva, siempre tiende a esperar a que las cosas sean para tanto, y que quizás cuando las cosas son para tanto ya es demasiado tarde y las acciones no valen la pena. Un asumido reconocimiento de causatividad respecto a algo conlleva a su vez a la reflexión de saber cuando o no actuar, porque a la postre la responsabilidad no es la obligación de responder a algo, sino, como la palabra mismo lo dice, la habilidad de responder apropiadamente. Y a veces lo mejor es dar una no respuesta.
Me vale pedo si en Cuba ningún niño se muere de hambre. No se puede esperar a que todos estén 'bien' como permiso para ser vivir la vida, que de hacerlo nunca se podría llevar a cabo algo propio que valga la pena. Si de procurar la cobertura a los pobretones se trata, pues sí, preferiría ayudar a un niño peruano indígena a que se compre un iPod a desperdiciar donaciones en causas perdidas como la de, dime tú, mantener a una panda de infantes flacuchentos y panzones de Etiopía solamente para que al crecer le puedan seguir pasando el SIDA a otros cuantos negros bastardos. Voto por que se los deje morir y punto. Yo iría todavía más lejos que Risto en lo de plantear iniciativas humanitarias con ambiciones utilitaristas. Ponte, en vez de apadrinar a los pobrecitos del Perú, ¿por qué no mejor acolitar la creación de escuelas para niños superdotados? Como para variar. Preferiría apoyar a quienes sí podrían aprovechar las ayudas económicas, devolviéndole al mundo bastante más que una mera existencia corriente y mediocre. Total, son esos esporádicos cerebros privilegiados quienes se abonan como generadores o divulgadores de ideas; son los que casi nos dan pensando al resto. Además, quién sabe, de pronto unito de esos destaca en un alguna pendejada medio bacán, de esas que incitan a la socialización de logros ajenos so pretexto de un "orgullo nacional". Digo.
Ah, y volviendo a Risto, reconozco que si un tipejo como él se carga una hinchada es solamente porque habemos personas con morbo malcriado que le seguimos. Él y su lengua viperina eran la única razón por la que veía sus videos de OT (ojo, es una abreviación de 'Operación Triunfo', no confundir con Operating Thetan) colgados en el TuTubo. Era bacán verlo eviscerar verbalmente a los concursantes con tal de armar un circo, perdiendo escrúpulos en cada programa y demostrando un oportunismo de publicista sin igual; pero como lo sabía hacer con estilo, elegancia e ingenio, se lo respeta, para qué. Y como filósofo frustrado que escribe libros de anti-ayuda también es un hijueputa, verás.
Una frase que este fulano reproduce constantemente en uno de sus libros y que me gusta es la de que "el triunfo atonta". Contrario al típico gurú empalogoso, este Risto ofrece una visión pesimista y poco políticamente correcta del triunfo, llegando a decir que incluso se puede "fracasar de éxito", pensamiento en apariencia absurdo, por lo oximorónico, pero real. Tiene sentido, pues si el éxito es como una parálisis es por lo raro y embriagante que es. La felicidad misma puede ser estupidizante o servir para perpetuar la estupidez. De ahí que digan que la ignorancia es felicidad o que no haya tonto que no se crea listo. Las endorfinas, dopaminas o serotoninas que segrega el cerebro son como drogas, y de pronto pueden ser las peores drogas debido a su naturaleza endógena, encubierta.
Por ejemplo, las drogas espirituales o místicas: el mismo Dios. La adhesión de un percebe a un culto religioso no es algo que preocuparía su vida, al menos no al principio. Los problemas empiezan como resultado del exacerbado apego por las pajas mentales de su doctrina o credo particular, adicción con posibles consecuencias sociales perniciosas. Los miembros de una secta harían casi cualquier cosa por proteger la fuente de sus codiciados péptidos opioides. Por eso es fútil argumentar contra la mayoría de ellos. Puedes mandarte los mejores agumentos o las razones más atinadas por las cuales sus creencias son puras chorradas; nunca los podrás convencer. La lógica y la razón les gritan, pero ellos jamás escuchan, igual que cualquier drogadicto en denegación. Y es que no se puede seriamente postular la desaparición de las religiones y demás supercherías dado que esas huevadas son meras excusas para encontrar la secreción de neuropéptidos, o sea la felicidad, de la que siempre habrá demanda. La condición neuroelectroquímica de nuestra mente que nos orienta hacia esas pajas no va a cambiar ni en un futuro cercano.
Sí, yo también alguna vez quise encontrar esas drogas a través del desvío religioso. No funcionó, porque esas puterías no son para mí. Luego fui más sincero y traté de procurar la felicidad con la mezcla de olanzapina y venaflaxina. Tampoco funcionó. Me alelé, aluciné y me volví somnoliento; hasta engordé. Un día caí en cuenta de que me iba a dar diabetes por consumir esas pastillas y entonces las arrojé por el escusado.
Una vez quise probar marihuana. Fumé un porro. Y no sentí nada. Nada.
Una mañana, tras una cuajada irregular, el queso se maduró apestando a pies.
A ver, no es que esté en contra de ser solidario, de ayudar a otros, no. Lo que me molesta es la bobería de decir que cosas como el amor, la solidaridad, la espiritualidad, la compasión y demás asumidas virtudes valen... porque valen. Me carga la recurrente apelación a esas cosas como vacas sagradas.
La sola compasión no vale realmente como virtud, no para mí, creo que siempre cabe hallar matices dependiendo de cómo se expresen esas cuestiones. La compasión expresada dominante y agresivamente de pronto hace mucho más daño que la expresa tacañería.
O lo que dicen sobre el odio, de que es un sentimiento negativo. Eso superficialmente, porque el extremadamente positivizado amor conlleva al odio por lo que es contrario, así que de odiar no te salvas. De hecho, puede ser un sentimiento sano, inevitable y hasta necesario para el progreso. Mucho peor me parece el amor desubicado que el odio manifiesto.
Y también contra eso del amor, favorito universal que siempre se nos vende como una suerte de panacea empalagosa, pero que en rigor abarca una vertiende de usos y significados no siempre bien entendidos ni convenientes socialmente. Sería absurdo aceptar ese cliché como excusa para cualquier barbaridad, aunque siempre hay caraduras que creen que eso funciona para cubrir renuncios. Mira, a modo de verbigracia patéticamente obvia, figúrate la diferencia que existe entre el amor de tal y cual padre hacia su hijo de 13 años y el del portero pederasta de su colegio que lo ve nomás como un objeto sexual. Creo que difícilmente pintarías a ambos con la misma brocha, a pesar de que el segundo, que de hoy en ocho acabaría por encularse al guambra después de raptarlo, podría hablarte de su amor particular con el lícito patrocinio de la RAE.
Por eso es que creo que la pedofilia es injustamente satanizada. Es perverso creer que todo amor hacia los infantes implica la búsqueda de unión sexual. La orientadora del parvulario en el que alguna vez estuve definitivamente era una pedófila, pero porque era hincha de los niños, de sus monadas, ocurrencias, espontaneidades y demás; no porque se los quería coger. A muchos educadores a lo mejor les atraen emocionalmente los pubertos, se entienden bien con ellos y buscan su amistad, pero no por eso los llegan a abusar sexualmente. Y Michael Jackson, desde luego que era un pedófilo: era amante de los niños, disfrutaba estar con ellos, jugaba y hasta compartía la cama con algunos; ciertamente raro, pero sin embargo, considerando que su perfil no encaja con el de los pederastas usuales, quizás se trataba solamente de un excéntrico anormal que fue encamado por un oportunista hijo de puta que aprovechó un litigio jugoso para sacarle plata.
Cuz pedophiles luv children
Yo creo que está bien que haya pedófilos y efebófilos en este mundo, en especial de los "blancos" (porque de los sexuales se podría discutir más a fondo, que ese problema tampoco me parece tan esquemático como lo pintan [y en eso el albino dendrophilian del TuTubo lleva un punto]). Es positivo que hayan personas dispuestas a encantarse con los peques, es bueno que hayan personas que cuenten con la paciencia suficiente como para bregar con esas criaturas cagonas, chillonas, ruidosas, estúpidas e insufribles; con la volición para querer criarlos y educarlos; con la garra para soportarlos y protegerlos de las fuerzas del mal...
Maldita sea, yo tampoco creo que en rigor exista eso de la libertad de expresión. Eso, ni aunque creas que estás en tu casa. Y es que definitivamente es algo jodido de asumir. Supone aceptar que otros van a permitirse herir tus sentimientos de vez en cuando. Pero bueno, me figuro uno no puede comerse el queique y metérselo por el culo a la vez.
Ahora, si vamos a jugar a que existe ese derecho, entonces es algo que no debería dejarse de ejercer. Es como un músculo: se atrofia si no se ejercita.
Por lo que ojo con los peros de los correctores de la expresión, los que a punta de una noción de respeto y de orden social, a veces malentendida, van a acabar desvirtuando ese derecho. Yo tiendo a desconfiar de quienes me trazan distinciones entre libertad y libertinaje en materia de expresión. Porque esas distinciones no suelen ser inocentes, casi siempre son ad hoc, y quienes se creen en posición de establecer esa frontera luego la van a querer mover a tenor de sus susceptibilidades e intereses.
Los hinchas de la corrección política que se amparan en la carta de Hitler para justificar la tipificación de delito para los discursos que inciten al odio o al desprecio en razón de estupideces, ya sea raza, etnia, religión o lo que sea, son unos reaccionarios. Primero, el derecho a la libre expresión abarca la difusión de opiniones desafortunadas y de verdades inconvenientes; por tanto cabe discernir entre un derecho y lo que te parezca que es derecho (como en lo que es justo, cierto, fundado). Segundo, que sepan que es una forma en extremo conservadora de manejar esos problemas; un parche en el mejor de los casos. Es de una ingenuidad pasmosa creer que con suprimir la diseminación del desprecio en la expresión se van a curar las aversiones en la sociedad, como si esas broncas se solucionaran con la censura. Al contrario, percebes biempensantes. Al privarle a la gente de lo único que podría servir como válvula de escape, puede que acaben fomentando exteriorizaciones de odio, ahí sí, bastante peligrosas.
Por más que nos cueste admitirlo, la expresión que ofende es de lo más reivindicativo en el derecho a la libre expresión. Tal vez, y mira que digo tal vez, si no fastidias a nadie con lo que dices es porque no has dicho nada.
Y el tópico de las formas es aún más manoseado. Pasa que quienes se quedan en las formas se pierden la gran película. Fíjate que ser grosero y pararse firme no son actitudes mutuamente excluyentes; la mala leche y la mordacidad pueden ser presentadas con inteligencia. Y asimismo, lo cortés no quita lo fachito ni lo malintencionado; vos puedes ser condescendiente con otros, arrogantemente, sin dejar de ser amable; le puedes decir harta grosería a un oponente pero de buen rollo; se puede ser elocuente hablando barbaridad y media... Y de pronto la canallez solapada es la peor.
Entonces estaba viendo en YouTube el primer episodio del Chavo del Ocho, cuando de repente me acordé que tenía un blog.
A ver. Lucrecia Maldonado en su más reciente columna se mandó unos cuantos parrafetes medio curiosos.
Vamos punto a punto. No. Vamos primero con lo último.
Según la Lucre es un error pensar que todo esoterismo es malo. Personalmente concuerdo. Lo malo no está en el esoterismo per se, el cual abarca la bola de cosas, sino en las personas ordinariamente huevonas que muchas veces se van por las ramas con la masturbatoria droga que ofrece lo abracadabresco.
Con respecto a decir que ese error lo comparten tanto los del Conartel como quienes producen el programa "Mitos y Verdades" de Teleamazonas, pues me parece necio y tendencioso. Lo que hizo el Conartel al prohíbir la difusión de programas esotéricos ciertamente estuvo mal, pero aquello de legislar en contra del esoterismo no es precisamente el objetivo de la mayoría de escépticos desmitificadores, quienes solamente pretenden educar un poco a la gente, concientizarla de los aprovechados vendedores de aceite de serpiente y, en fin, promover un poco el pensamiento crítico. Que haya programas así en medio de tanto bombardeo místico, es muy bueno, hace falta un poco de aire fresco.
También es cierto que entre los clarividentes, el ufólogo Rodriguez, los psicoanalistas jungianos, la mecánica cuántica y etcétera existe una diferencia de grados en la escala de lo chorradesco; desde luego que no es lícito pintarlos a todos con la misma brocha. Los físicos cuánticos, por ejemplo, me parecen mucho menos estúpidos que quienes apelan a ese tipiquísimo cliché de que "existen fenómenos y circunstancias que la ciencia actual aún no puede explicar" como excusa para explicar lo desconocido con cada estupidez que les ronque el culo.
Coincido a su vez en que "la charlatanería no es patrimonio exclusivo de cierto esoterismo". El problema, como ya lo mencioné antes, no es tanto tal y cual esoterismo, sino más bien el pensamiento esotérico. Pedantes embaucadores y sátrapas los hay sociólogos, psicólogos, filósofos, médicos pediátras, arquitectos, catedráticos universitarios, secretarias de compañías de cosméticos, ministros de Igualdad de la Unión Europea, columnistas ridículas de El Telégrafo..., en fin.
Este juego de plataformas protagonizado por un delfín heroico posee una banda sonora original tan brutalmente espectacular... Qué. Hijueputa. Es Especial. Delfinesca. Épica...
El CD del juego se me perdió hace unos años, lamentablemente. Pero qué chucchas, que gracias a Zeus tenemos el TuTubo... Nuff' said.
Un juego que corre serios riesgos estéticos. El morbo, la procacidad, la violencia y la salsa roja no se escatiman. Pero parte de lo que hace a la ambientación de esta gran mediocridad de juego (porque como aventura gráfica es simplemente mala) tan cagadera de miedo es la sobrecogedora ominosidad de la música de fondo.
3) The Beast Within: A Gabriel Knight Mystery (1996)
Y esta aventura gráfica en FMV (Full Motion Video) no es yet another película interactiva. Ni siquiera se queda como un thriller de suspenso sobre hombres lobos y cazadores de demonios. Es mucho (¡pero mucho!) más que eso. Entre otras cosas, estamos hablando del videojuego en el que arman una ópera perdida de Wagner... O sea... Holmes es un maldito genio, period.
├ Febrero 27, 2009 | 2:46 am ┤ ├TuTubo, WTF!? ▌por quark schiz┤
Todas las secuencias han llegado a su conclusión. El tiempo no puede esperar. Y ella se mueve como si fuese una bailarina zombificada con retraso mental. O como si fuese una suerte de autómata equipada con los mismos circuitos integrados de una máquina envasadora de snacks... ¡Es un cague!
♪A través del♫ ♪desierto, las junglas y los bo-osques♪